Opinión

Lo que nadie te cuenta sobre emprender: “Estuve dos años a base de antidepresivos”

Ansiedad, depresión y una terrible sensación de angustia son algunas de las cosas que nadie cuenta sobre emprender. Varios emprendedores españoles nos cuentan sus peores experiencias.

A todos nos encantan las historias emprendedoras de éxito: gente joven, decidida y con talento que, ante las dificultades que se le vienen encima, consigue tirar de esfuerzo para alcanzar la gloria empresarial y ser un ejemplo para todo el mundo. Si a eso le añadimos la estética del emprendedor joven, desenfadado y que cambia el mundo desde un garaje y vestido con sudadera y pantalones vaqueros, el relato que nos queda es perfecto.
Sin embargo, el discurso está incompleto, ya que omite muchas cosas: la dificultad para conseguir financiación, las batallas del día a día, la no consecución de objetivos, el fracaso y, sobre todo, la ansiedad y la angustia que salen a relucir cuando las cosas no marchan bien. Todos tenemos la foto del emprendedor de éxito dando charlas sobre cómo revolucionó tal o cual sector, pero nadie se acercó a fotografiarle cuando estaba escondido entre las sábanas, literalmente atrapado por la ansiedad que le genera un fracaso empresarial.

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Lo que viene a continuación son tres historias de emprendedores españoles que ahora pueden contar la verdad: a lo largo de su trayectoria, ha habido momentos en que los antidepresivos fueron mucho más frecuentes que los brindis empresariales.

1) Ana Santos, arruinada a los 35
La emprendedora Ana Santos tuvo una juventud muy tranquila hasta que, con 30 años, se le vino encima el marrón de su vida: “Mi padre murió y dejó una empresa metalúrgica que compartía con varios familiares. Mi tía quería vender la empresa y entramos en una lucha judicial, así que cogí yo la empresa para mantener el pleito adelante. Creé dos sociedades: una para comprar la deuda generada y otra para mantener el trabajo y a la plantilla”.

Para ella fue un auténtico calvario: “Yo tenía 30 años y me dedicaba al sector de internet, no tenía ni idea de comunidades de bienes ni de metalurgia. Te juro que hice todo lo que pude por salvar la empresa, pero fue imposible. Acabé cerrándola: los trabajadores se fueron a la calle y yo me arruiné totalmente. Había hipotecado a mi madre y a mí misma, así que llegó un momento en que no tenía más dinero, me cortaban la luz, los bancos no me daban un duro, no podía tener ni una tarjeta de crédito… Literalmente, no tenía un duro”.

Tuve una depresión de caballo que duró dos años, a base de antidepresivos, de ansiedad y de no saber cómo levantar cabeza

Pero eso no fue lo único: “Me entró una depresión de caballo que duró dos años, a base de sofá, de antidepresivos, de ansiedad y de no saber cómo levantar cabeza. Mi madre ya había entrado en depresión tras la muerte de mi padre y ahora estaba yo igual. Además, de cara a mucha gente, yo era la que se había cargado la empresa de su padre”, recuerda.

“Yo fui una niña de papá”, asegura Santos: “Era hija única y viví como una reina hasta los 30 años, que murió mi padre. A partir de ahí todo cambió, dio un giro radical y no pude asumirlo ni enfrentarme a ello”.

“No tuve una tarjeta de crédito hasta 2012”
¿Cómo se sale de una situación así? Lo primero fue la recuperación psicológica: “Por suerte, tuve cerca a mi gente de confianza, en esos momentos tienes que alejarte de los que solo se centran en criticarte y rodearte de los que de verdad quieren ayudarte”.

Tras ello, la recuperación económica: “Los bancos te tratan genial hasta que las cosas se tuercen. Yo empecé a montar mis propios proyectos, pero no podía darme de alta para que no se me echaran encima los bancos. Tenía que trabajar cobrando a través de una sociedad que no era mía para poder ir remontando”.

No podía darme de alta para que no se me echaran encima los bancos: cobré a través de una sociedad que no era mía para remontar

La sensación de bloqueo era, de lejos, lo peor de todo: “Es tremendo cuando ves que empiezas a recuperarte, pero que no puedes tener prácticamente nada a tu nombre. ¿Cuándo tuviste tú una tarjeta de crédito por primera vez? Porque yo no pude tenerla hasta 2012, hasta anteayer. A nivel económico, estaba totalmente bloqueada, incluso aunque mi trabajo empezase a salir adelante”.

Por suerte, la cosa ha ido cambiando. A día de hoy, Ana Santos es la fundadora de proyectos como Eventosfera y ha conseguido salir del pozo: “Recordar la situación por la que pasé no es nada agradable, me remueve todo, pero bueno, aprendí a base de pegármela”.