Opinión

¿Literatura social?

Jorge Alania Vera
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Desde Lima, Perú, para LA NACIÓN de Guayaquil, Ecuador.

 

 

Una polémica de contenido aparentemente literario ha llegado hasta las páginas de los diarios españoles. Sucede que el ayuntamiento de la localidad de Zafra, en Extremadura, que convoca anualmente el premio “Dulce Chacón” en honor de una escritora natural de esa ciudad, ha eliminado entre los criterios de selección del premio, la “dignidad, solidaridad y justicia” que estaban en sus bases. Esta eliminación ha motivado la frontal oposición de una parte de la familia de la escritora fallecida en el 2003.

Estoy de acuerdo con la decisión del ayuntamiento. Un premio literario es eso: literario, y la literatura es también solo eso: literatura, sin más calificativo, de lo que se deduce que una obra debe ser juzgada en razón de su calidad y de ningún criterio adicional.

No hay literatura social, es decir, literatura con un objetivo más allá de los que señala la buena escritura, trama, técnicas y profundidad de una obra. No importan ni el argumento ni lo que describe o juzga el autor, sino cómo lo hace, que es lo que convierte a un texto en literario. Las llamadas “literatura social”, “literatura comprometida” etc. no existen. Lo que hay son buenas o malas novelas u obras poéticas.

Nadie puede tildar de reaccionarias a las novelas de Fredor Dostoievsky o León Tolstoi, que no abogaban por nada ni predicaban nada, sino que, con una extraordinaria calidad, retrataron una sociedad que se desmoronaba. La dignidad, solidaridad y justicia que se reclama, están allí pero no como en una proclama o un panfleto sino como deben estar en una buena obra literaria. Leo un argumento en contrario: “La literatura debe estar comprometida y no desinteresarse del presente, la acción, la historia, debe asumir responsabilidades con vistas a ejercer la libertad.” ¿Qué gran obra de un gran autor no lo está al margen de sus preferencias políticas, sociales, religiosas o morales?
Ezra Pound, Günter Grass, Ionesco o Cioran, fueron fascistas o se acercaron al fascismo. Vladimir Maiakovsky era comunista, como hombres de izquierda han sido Jorge Icaza, Mariano Azuela y nuestro gran José María Arguedas. Cito al azar una muestra muy pequeña, pero pregunto: ¿Quién puede decir que estos extraordinarios poetas y narradores no escribieron excelentes libros que lo son no por la intención política de sus autores sino por su calidad literaria?

La Unión Soviética fue un claro ejemplo de que no se puede impulsar una literatura política o social. La auténtica literatura describe y se nutre del drama de la vida y de la historia de personas y pueblos, y debe ajustarse a un canon que se inscribe en la tradición auténtica de las lenguas humanas y en el talento de cada escritor para hacerla suya y perpetuarla,