Opinión

Libertad de expresión

Por Jorge A. Gallardo Moscoso Jorge/Guayaquil

Tras cuatro años consecutivos positivos en materia de libertad de expresión, desagradable ha sido ver y escuchar en televisión a periodistas desdibujando a este símbolo de la democracia y de los derechos humanos.

Durante más de 10 años de correato (enero 2010-mayo 2017), los ecuatorianos fueron testigos de la persecución a periodistas y medios de comunicación. Cualquier día, pero especialmente los sábados, el primer mandatario furioso destrozaba periódicos, insultaba, difamaba, amenazaba –y en varios casos denunciaba y “ganaba” juicios, como el emblemático caso de Emilio Palacio y diario El Universo-, y, como si fuera poco todo ello, se proclamaba como el más demócrata del mundo.

Nunca se aceptó tal situación, las condenas traspasaron los límites patrios y gobiernos y organismos internacionales pedían mesura y rectificación. Aquí, gobiernos y organismos recibían su merecida respuesta: prensa corrupta, intervencionistas, esclavos del imperialismo. Y, recuérdese, paralelamente su gobierno manejaba un gigantesco aparato propagandístico mediático público (producto de las incautaciones), y se desgañitaba en su intento por desaparecer a la prensa independiente. Terminado su extenso mandato, Lenín Moreno, dio vuelta a la página y el país vivió 4 años de libertad de expresión, que, esperemos, siga siendo más libre aún con el gobierno de Guillermo Lasso y en los siguientes.

Pero eso no debe confundirse ni malentenderse como, al parecer, ocurrió con dos periodistas de La Posta, quienes en un programa de TC Televisión –de debut y de despedida-, se extralimitaron y mostraron señales de odio y de discriminación, y uno de ellos –convencido de ser chistoso-, utilizó repetidamente un lenguaje vulgar y soez, impropio para la audiencia, que merece respeto. Cambiar de canal no arreglaba las cosas, porque la libertad de expresión estaba siendo, igualmente, violentada.

Tengamos presente que “no es posible aplicar de manera fáctica la libertad de expresión. Y que debe utilizarse para bien y no para mal”.