Opinión

Ley orgánica de bienestar animal

Dr. Jorge Norero González/ Guayaquil

No sé si en realidad este tema se está tratando en serio en la Asamblea Nacional o si es alguna broma de ciertos chistosos para hacernos reír, en lugar de llorar por los terribles acontecimientos a los que estamos sometidos permanentemente.

Escucho tantas estupideces alrededor de este tema que se me hace indigerible los argumentos que se exponen, intentando limitar, por ejemplo, la pesca y la cría de pollos, gallinas, ganado porcino, vacuno, ovino, invocando los derechos de los animales.

Bajo esa premisa carente de lógica y sustento científico, nuestros sabios y copiones legisladores pretenden, a guisa de los derechos del bienestar animal, devolvernos a la era del paraíso terrenal. Supuestamente, en ese tiempo el hombre, como sinónimo de los seres humanos (varón y mujer), vivía sin necesidades y se alimentaba de los frutos de la naturaleza. Se supone que eran vegetarianos y, de vez en cuando, podrían haberse comido un huevo. Del mar no hubiesen aprovechado casi nada porque no había obligación de sembrar ni trabajar, conceptos que surgieron después del relato del «Génesis» sobre el pecado original de los primeros pobladores del planeta tierra.

Conforme fuimos aumentando en número y se crearon las urbes y grandes concentraciones humanas, surgió la necesidad de imaginar soluciones para dotar de servicios básicos como mercados de consumo, hospitales, escuelas, etc.

En esa dinámica, generar a través de la agricultura, pesca y cría de animales los sustentos sostenibles para evitar hambrunas, desabastecimiento, especulación y explotación, ha sido una política permanente de cualquier organización social, como parte fundamental de las competencias de los Estados y gobiernos.

La creación del trabajo y del salario como medio de pago y reconocimiento al esfuerzo humano surgió con la dedicación a tareas productivas. Se hizo necesario crear centros de almacenamiento de víveres, silos, bodegas y todo tipo de infraestructura que nos permita sobrevivir en épocas en que por condiciones climáticas podrían generarse sequías, escasez, hambre, etc.

Con el desarrollo industrial y tecnológico, el ser humano ha sido capaz, por supervivencia, de alterar los genes de ciertos productos para que puedan resistir plagas, el clima, la escasez de lluvias y muchos otros factores.

Hoy en día, ciertos grupos (porque el tema no es una creación original de nuestros criollos legisladores) han creído novedoso importar estas teorías ambientalistas y de protección de los animales. Estas teorías fueron inventadas por grupos donde sus hábitos son el producto de una minoría que ha tenido el privilegio de vivir en una burbuja. Para ellos, la realidad es un mundo basado en la meditación y el yoga, son veganos, consideran a los monjes del Tíbet como sus maestros y trascienden por medio de la luz a planos de otras dimensiones. Algunos como mis amigos Tito o Ricardo tienen más de tres mil años y lo cuántico es la dimensión natural de sus existencias.

Pero nosotros, los que si no comemos morimos, escuchamos que se va a prohibir la pesca y la cría de gallinas en jaula porque son infelices, se trauman o ya no podrán montarse los caballos para hacer equitación porque un psicólogo animal ha transmitido la idea de que el animal sufre por el castigo y disciplina que los humanos le imponen para satisfacer su placer de montarlos y saltar, actividades que no forman parte de su rutina normal.

Ya no habrá circos con animales entrenados, zoológicos, no se podrán exponer ventas de perros, pájaros, gatos porque atenta contra la libertad de los animales de vivir en libertad. Tampoco se podrán tener granjas de peces, acuarios y tantas otras cosas porque son ambientes diferentes a los de su propio hábitat.

Podría seguir escribiendo durante horas sobre este tema, pero vuelvo a preguntar: ¿Cuál es en esencia la razón de esta ley? ¿Evitar el sufrimiento extremo y los maltratos de cualquier animal que forma parte de nuestra cadena alimentaria? ¿Nos quieren volver vegetarianos? ¿Quieren provocar una subida de precios para obligarnos a utilizar productos orgánicos, consumir huevos de gallinas felices y no consumir animales exhibidos en restaurantes, vitrinas o en publicidad en los medios porque afecta la mente de ellos?

Cada vez más, debido a la explosión demográfica, cuando el destino nos alcance, la necesidad de proveernos de alimentos y medicinas se convertirá en la principal tarea de nuestras vidas. Ojalá para entonces, partir hacia el oriente eterno sea parte de mi itinerario en el juego de la vida, librando Dios de seguir compartiendo con tantos sabios como los actuales asambleístas y con esos honestos y eficientes líderes que hoy gobiernan y dirigen nuestras vidas.

Semper Fi.