Opinión

Lenin Moreno y Jaime Nebot.

Dr. Miguel Palacios Frugone

miki.palacios1@gmail.com

Indudablemente que nadie puede cuestionar el impacto que ha tenido para nuestra ciudad la alcaldía ejercida por Jaime Nebot.

Tanto seguidores como opositores están de acuerdo, en que este controversial alcalde ha sido uno de los mejores que ha tenido la ciudad de Guayaquil.

Sin que ser un burgomaestre signifique competir para un concurso de simpatía, es indiscutible reconocer que las huellas dejadas durante la administración de Jaime Nebot, han sido unas de las más profundas y trascendentales que se han labrado en la historia de nuestra ciudad.

Amado y odiado, la ejecutoría del alcalde ha marcado el rumbo de nuestra vida en la Perla del Pacífico desde hace muchos años.

Pero por sobre cualquier reconocimiento que se le pudiera hacer, Nebot ha sido un extraordinario ejecutivo en el eficiente manejo de la administración pública.

En las palabras dichas en su discurso del 9 de Octubre nos revela su futura pretensión, cuando proyectando nos dice que lo bueno hecho en la ciudad, se lo puede hacer en el país.
En su legítimo y constitucional derecho, traslada a nivel nacional la eficiencia administrativa que ha liderado en nuestra urbe.

Por otro lado, el mismo día vimos a un Lenin Moreno evolucionado.

Ha dejado de ser presidente de la república para convertirse en estadista.

La evolución de los conceptos emitidos a través de su pensamiento es transparente y nos revela la madurez de un gobernante que se ha puesto por encima de las ideologías partidistas que vuelve prisioneros a los políticos comunes.

Cuando en un acto público se realiza un examen de conciencia y se llama a las cosas malas por su verdadero nombre, es cuando también públicamente se evidencian las razones del porqué quién lo hace es el presidente del país.

La verdad más clara es aquella la que nuestra oscura entraña pretende enmascarar.
En el discurso de Lenin, lo que sintió fue lo pensado y lo pensado, lo expresado.

Esta transformación evolutiva hacia una clara y transparente sinceridad con la que le habló al Ecuador, muestra la patriótica metamorfosis de un hombre de ideología común hacia un estadista.

Como Guayaquileño me dio gusto ver a dos autoridades, hablarse en términos afables y familiares.

Lo que más me congratuló fue constatar que ambos ejercen el poder que les conferimos en beneficio de nuestra hermosa ciudad de Guayaquil.

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