Internacional

Lazos económicos sanos China-EE. UU. requieren de una verdadera cooperación por encima del interés propio

BEIJING,  Antes de comenzar su segundo viaje a China en menos de un año, la secretaria del Tesoro de Estados Unidos, Janet Yellen, confirmó su enfoque de «promover una relación económica sana que proporcione igualdad de condiciones para los trabajadores y empresas estadounidenses».

 

Pero, cuando se trata de juego limpio en los negocios y el comercio ¿No es Washington quien debería abandonar la práctica de abusar del pretexto de seguridad nacional para apartar a codazos a las compañías líderes chinas de alta tecnología y energía limpia?

Parece que la noción de Washington de vínculos económicos sanos es, en gran medida, egocéntrica, dado que prioriza los intereses de Estados Unidos por encima de cualquier otra consideración. En contraste, China, como siempre, ha estado comprometida en fomentar una relación económica y comercial construida sobre resultados mutuamente beneficiosos y ganar-ganar para todas las partes involucradas.

La divergencia también existe en sus formas de tratar con el otro. China insiste en que ambos países deben respetarse mutuamente, coexistir en paz y perseguir una cooperación de ganancia compartida, mientras que Washington, como dijo Yellen, tiene como objetivo administrar las relaciones económicas entre Estados Unidos y China «desde una posición de fuerza».

Este parece ser el modo de maniobrar que tiene Washington: alinearlo todo con sus propios intereses, de manera implacable, sin tener en cuenta las perspectivas ni preocupaciones de los demás.

Dicho esto, el viaje de Yellen de seis días a China sigue siendo una buena señal de que las dos primeras economías del mundo están comprometidas con mantener el impulso de la comunicación y coordinación.

Sin embargo, para que se mantenga ese impulso, Washington necesita considerar que su miopía prolongada y la obsesión con una mentalidad de Guerra Fría representan una grave amenaza para cualquier avance en la estabilización de las relaciones bilaterales.

La visita de Yellen coincide con la retórica exagerada de Washington sobre una supuesta «sobrecapacidad china» dentro del sector de las energías limpias, especialmente vehículos eléctricos, baterías de litio y paneles solares. También se ha convertido en blanco de burlas en línea por parte de cibernautas estadounidenses tras su afirmación de que el exceso de capacidad de China «distorsiona los precios globales» y «perjudica a las empresas y trabajadores estadounidenses».

Un mordaz comentario en Yahoo News resume la indignación generalizada: «Quejarse de que China está construyendo más tecnología sobre energías verdes sería como si un levantador de pesas dejase de entrenar para protestar si otro levantador de pesas estuviese levantando más peso».

Esta narrativa anti-china del «exceso de capacidad china» no es otra cosa que una repetición de la retórica de la «amenaza de China», que solo pretende socavar el crecimiento interno de China y la cooperación internacional.

Es un típico doble estándar, al estilo de Washington, el que los productos excedentarios que encuentran mercados en el extranjero, un principio económico básico adoptado en las naciones occidentales durante siglos, se tilde intencionadamente como un «problema de exceso de capacidad» que pone en peligro al mundo solo cuando se trata de China.

Contrariamente a un «problema de exceso de capacidad», el sector de la energía limpia enfrenta importantes desafíos para satisfacer la demanda mundial. Entre preocupaciones urgentes sobre el cambio climático, o los esfuerzos generalizados hacia la transición energética, sigue habiendo una brecha entre oferta y demanda de energía limpia.

Hablar sobre «exceso de capacidad china» dentro del sector de las energías limpias también suena a inventar excusas para la aplicación de políticas más proteccionistas que blinden a las empresas estadounidenses. Después de todo, el mundo sabe ahora que Washington no dudará en mostrar su colmillo proteccionista, bajo el pretexto de la seguridad nacional en áreas donde su supremacía está cuestionada.

La afirmación de que China está distorsionando los «precios globales» es totalmente infundada. El quid de la cuestión para las economías avanzadas, según han observado medios de comunicación estadounidenses como Bloomberg, radica en la eficiencia y competitividad de los fabricantes chinos de automóviles eléctricos, incluidas su destreza tecnológica y una infraestructura de transporte moderna.

En lugar de recurrir a la política del miedo y al proteccionismo, Washington debería centrarse en fomentar la innovación y competitividad dentro de sus propias fronteras.

La primera parada del viaje de Yellen a China es Guangzhou, una dinámica metrópolis costera del sur famosa por su papel fundamental en configurar las políticas de reforma y apertura del país asiático. Y que también se erige como un destino de inversión primordial para numerosas corporaciones multinacionales, incluidas empresas estadounidenses.

Todos esperan que, durante su estancia en Guangzhou, Yellen comprenda un poco mejor el firme compromiso de China con la apertura de alto nivel, descubriendo con sus propios ojos que las dos primeras economías del mundo bien pueden contribuir al progreso de la otra.

Por:  XINHUA