Opinión

Lasso, el banquero

Ab. Xavier Flores Aguirre/ Guayaquil
Derecho, política, historia and random (that’s not whatever)

Leyendo la autobiografía del Premio Nobel de Economía Amartya Sen, encontré este sentido elogio del pensamiento del viejo Marx:

‘Su reveladora distinción entre el «principio de no explotación» (mediante el pago acorde con el trabajo, en línea con la contabilidad establecida por su versión de la teoría del valor-trabajo) y el «principio de necesidad» (disponer de los pagos en función de las necesidades de las personas, no de su trabajo y productividad) era una potente lección de pensamiento radical’ (1).

El capitalismo tiene una lógica distinta a los principios marxistas, pues la suya es una lógica de la acumulación. Su lema bien podría ser ‘greed is good’ (la codicia es buena). Los capitalistas no buscan satisfacer las necesidades de la gente, como quería Marx. Ellos buscan la producción a bajo costo y obtener una alta rentabilidad (su ejemplo extremo, este imbécil).

Los banqueros son los capitalistas par excellence. Ellos están acostumbrados a acumular dinero y a mandar. En esencia, sus preocupaciones no son humanas, son contables.

Guillermo Lasso es un banquero acostumbrado a acumular dinero y a mandar. Una vez Presidente, él quiso aplicar su fórmula de administración privada a la administración pública de un país pobre, desigual, que desconfía de su institucionalidad y que es propenso a la violencia. Y este país, desatendido en sus necesidades (sin salud, sin educación, sin seguridad como no sea para la represión de los pobres) le terminó por explotar en la cara.

(1) Sen, Amartya, ‘Un hogar en el mundo. Memorias.’, Taurus, Bogotá, 2021, p. 254. A página siguiente, Sen pone un ejemplo del triunfo del principio marxista de necesidad: ‘Por ejemplo, el Servicio Nacional de Salud (NHS, por sus siglas en inglés), que se introdujo en Gran Bretaña en 1948 y que alcanzó su plena funcionalidad poco antes de mi llegada al país, fue un heroico e innovador intento de implementar un componente crucial del principio de necesidad, en cuanto a la atención sanitaria se refería. Como dijo el creador y defensor a ultranza del NHS, Aneurin Bevan, que había estudiado la obra de Marx como alumno del Central Labour College de Londres: «Ninguna sociedad se puede denominar legítimamente civilizada si niega cuidados médicos a una persona a causa de su falta de medios económicos». Exactamente en las antípodas del imbécil. Corolario: En el Ecuador, donde el servicio de salud no sirve a la gente porque es corrupto e ineficaz, no merecemos llamarnos «civilizados».