Opinión

Las redes sociales

Jorge Alania Vera

[email protected]

Desde Lima, Perú para LA NACIÓN de Guayaquil, Ecuador.

 

 

Vivimos en el mundo digital, entre herramientas comunicacionales que han cobrado un gran impulso, especialmente entre los jóvenes que son mayoría en cualquier parte. El mítico Facebook encabeza la lista de usuarios en todo el mundo con 3,049 millones de personas. Le sigue Youtube, con 2,491 millones, Whatshap e Instagram con 2,000 millones de usuarios cada uno, Tik tok con 1,562 millones, WeChat con 1,336 millones, Facebook Messenger con 979 millones; Telegram con 800 millones, Douyin con 752 millones, Snapchat con 750 millones. Ante estas estadísticas se podría afirmar que quien no las usa prácticamente no existe, porque prácticamente todas las personas del mundo las emplean en su vida diaria.

¿Pero son las redes sociales realmente lo que dicen ser, es decir, redes que enlazan a personas con una comunicación que permite mejorar su calidad real de vida? ¿Son mejores quienes las usan? ¿Están acaso más informados? ¿Han resuelto problemas cotidianos de sus vidas? ¿Están más sanos física y mentalmente? ¿Saben más? ¿Están mejor preparados para enfrentar las cosas? ¿Conocen más y mejor a sus pares, amigos, compañeros?

Cada quien tiene su propia respuesta por su experiencia directa y la de su entorno familiar y social. Particularmente yo creo que no. Afirmo que las redes en general no comunican, sino enlazan a las gentes sin identificarlas por su nombre y su talante. Son como las redes del pescador, pero con espacios tan pequeños que es casi imposible salir a ser alguien con nombre y apellido y tribu en el mar embravecido de la vida. Pero ese es el mar, el mar nuestro de cada día donde tantos y tantos a lo largo de los siglos han navegado con alegría.

A veces me meto en el Tik Tok. Veo con agrado cómo muchos comparten preferencias de libros, poemas, cuentos, datos de cultura general, consejos de psicología y momentos de alegría sana. No tengo Facebook pero lo tuve y vi allí anécdotas y ocurrencias diversas de amigos y familiares. ¿No es, acaso, bueno eso? Por cierto, pero cada quien frente a su computador o a su teléfono móvil, sin la magia de la comunicación directa que acompaña, ayuda, cura y hace mejores a las personas. Un like o corazón jamás será mejor que un abrazo, o un comentario o referencia nunca impactarán tanto como lo que se dice cara a cara.

Sea como fuere, las redes sociales están allí. Utilicémoslas para satisfacer nuestras necesidades, no para crear nuevas. Para hacer más fácil y rápida, sólo cuando sea menester, la comunicación con nuestra pequeña comunidad de afectos. Que ellas no nos envuelvan y aprisionen demandándonos hablar. Entendamos que no nos harán más, pero nos pueden hacer menos fácilmente. Y que cubren nuestro temor a estar solos o ser rechazados. Y que vivir online puede ser un escape fatal del vivir offline, como señala el gran filosofo Zygmunt Bauman.