LAS MUJERES EN AFGANISTÁN
Mg. Lilian Alarcón Durán
Portoviejo/Manabí
Afganistán es un país ubicado en Asia Central, conocido por su historia y diversidad cultural, hoy convertido en uno de los ejemplos más dramáticos de cómo pueden desaparecer los elementales derechos humanos cuando un régimen impone una visión extrema de normas sociales.
Desde que los talibanes, -un movimiento fundamentalista islamista surgido en ese país durante la década de 1990, llegaron al poder por primera vez en 1996 y expulsados del gobierno en 2001, tras la intervención internacional encabezada por Estados Unidos, recuperando el poder el 15 de agosto de 2021-, las mujeres y niñas afganas han sufrido una progresiva desaparición de la vida pública. Su gobierno, se caracteriza por una interpretación extremadamente restrictiva de la ley islámica, mediante la cual imponen normas sobre la vestimenta, educación, trabajo, la movilidad y participación de las mujeres en la sociedad.
Uno de los mayores golpes ha sido contra la educación. las niñas y adolescentes no pueden continuar normalmente sus estudios secundarios y tienen prohibido asistir a las universidades. Miles de mujeres han visto truncados sus sueños de convertirse en médicas, profesoras, ingenieras o profesionales en varias ramas. Se les niega no solamente un título, sino la posibilidad de construir una vida independiente.
La situación en el ámbito de la salud es todavía más preocupante. Las restricciones impuestas a las mujeres para estudiar y trabajar en el sector sanitario han reducido el número de profesionales femeninas disponibles para atenderlas. Además, existen normas y prácticas que dificultan que sean atendidas por médicos hombres sin acompañamiento de un familiar masculino. Estas restricciones pueden convertirse literalmente en una cuestión de vida o muerte.
La vestimenta también se ha convertido en un mecanismo de control, obligan a las mujeres a cubrirse el cuerpo y, en determinadas circunstancias, el rostro. El burka y otras prendas que las cubren completamente, son exigidos bajo determinadas disposiciones, y quienes incumplen estas normas pueden enfrentarse a medidas coercitivas y castigos.
Organismos internacionales como Naciones Unidas, ONU Mujeres y UNESCO han denunciado reiteradamente esta situación y la consideran una de las crisis más graves de derechos de las mujeres en el mundo. No se trata de exigir privilegios para las afganas, es reconocer derechos primordiales de vida.
En pleno siglo XXI es inadmisible que una niña sea castigada por querer aprender, que tenga dificultades para recibir atención médica o que millones sean apartadas de la vida pública simplemente por ser mujeres.
Ellas no necesitan compasión: necesitan que el mundo no sea indiferente a su lucha por estudiar, trabajar, expresarse y vivir con dignidad.
