Opinión

Las «mesas de diálogo

Orlando Amores Terán/Quito

Las «mesas de diálogo» nacieron «caídas», son un pretexto para aparentar apertura a la negociación, mientras la guerrilla se reorganiza, se abastece, hace nuevas alianzas; máxime cuando el narcoterrorismo se tomó Colombia.

Si desean bajar índices de criminalidad, deben autorizar el porte de armas a quienes cumplen requisitos, porque la «protección policial» es un oxímoron, una contradicción conceptual, ya que la policía no protege del delito, lo investiga luego del suceso y persigue al involucrado, no actúa como guardaespaldas, los ciudadanos libres debemos protegernos nosotros mismos, de ese modo colaboramos con la seguridad, que es la primigenia responsabilidad del Estado de derecho, que nos involucra a todos.

Si en Colombia los mandos no reaccionan, destruyen el país y a toda la fuerza pública (Ejército, Armada, Aviación y Policía), como sucedió en Venezuela, Bolivia, Ecuador, como está sucediendo en Chile; es parte de la consigna que aplica el narco-terrorismo internacional: primero, desarme total de la población civil; segundo, destrucción del mando en la fuerza pública, para captar serviles, acomodaticios, con los que destruyen la institución armada; tercero, anulación de la legítima reacción de la fuerza pública; cuarto, sometimiento de la población a leyes diseñadas para favorecer el delito y proteger a los criminales; quinto, permisión a la delincuencia para que se tome espacios públicos, políticos e infiltre las instituciones y la fuerza pública.