Opinión

Las cosas por su nombre

María Verónica Vernaza G./ Guayaquil

 

Los países del tercer mundo, como el nuestro, están atrasados en algunos aspectos vanguardistas. Aunque se recomienda copiar las cosas buenas, las perversas también encuentran su manera de llegar y de quedarse. Es por eso que los padres deben tener sus ojos bien abiertos para proteger, cuidar y salvaguardar el alma, el espíritu y la integridad física de sus hijos.

El ser humano debe pasar por la adolescencia. No es posible saltársela, eliminarla ni bloquearla. Aun así, algunos la quieren evitar con la ayuda y el beneplácito de la medicina moderna. La pubertad es una etapa crítica no solo para el desarrollo de los órganos sexuales de cada ser humano, ya sea hombre o mujer, sino también del correcto desenvolvimiento social y de órganos claves como el cerebro y los huesos.

Es por eso que la pubertad no es una enfermedad, pero la falta de ella sí. A pesar de eso, médicos en países como Estados Unidos y el Reino Unido utilizan los llamados bloqueadores hormonales para, según ellos, hacer una pausa en la adolescencia del ser humano que se encuentra en una disyuntiva de querer ser hombre o mujer. Lamentablemente la disforia de género está siendo cada vez más común en los jóvenes, pero la realidad es que la condición intersexual es un defecto de nacimiento con un porcentaje minúsculo en la población mundial.

El bloqueador hormonal que se utiliza habitualmente se llama lupron, aceptado y reconocido para el cáncer de próstata en hombres adultos y para mujeres adultas con problemas de endometriosis. En ambos casos se ha descubierto que produce pérdida de la memoria e infertilidad. Aun así es utilizada como medicamento de prueba, lea usted bien, de prueba, en los adolescentes con disforia de género.

Prescribir bloqueadores hormonales a un joven por espacio de tres años, no es lo más recomendable, y sin embargo cada día encontramos más casos como ese. Le negamos a esa persona un crecimiento hormonal normal, que pasa factura al llegar a los 20 años con un desenvolvimiento psicosocial pobre. Pero eso no es todo.

A parte de los bloqueadores hormonales, se les ofrece recetarlos con hormonas cambiadas. Es decir, a los niños se les da mega dosis de estrógenos y a las niñas mega dosis de testosterona. Esas dosis exageradas que no son en realidad las que necesita el organismo pueden producir ataques al corazón, diabetes, cáncer y disturbios emocionales como depresiones severas, que tienen una relación importante con los suicidios juveniles.

Aclarémoslo de una vez, esto es un asunto financiero. Las grandes farmacéuticas ganan millonadas a costa de sus hijos con el consentimiento parental.