Opinión

Las alfombras que viajan desde Santiago del Estero a Manhattan

Awanay es un estudio de productos textiles tejidos a mano en comunidades rurales del norte de la Argentina que utilizan técnicas ancestrales.

ARGENTINA. Lejos de la caridad, hacer una empresa fundada en valores sociales y comprometida con el comercio justo es un desafío que Rocío Noya (30 años) probó posible.

Awanay es hoy un estudio de diseño de alfombras a medida, con look moderno, hechas totalmente a mano y donde se resalta la “perfección de lo imperfecto” propia de la materia prima natural. “Buscamos alejarnos de los típicos diseño étnicos, pero la característica principal es mostrar la variabilidad de la naturaleza”, dijo en conversación con la nacion.

Awanay también produce almohadones, mantas, ruanas y ponchos. Todo está hecho a mano en comunidades rurales a las que llegaron en un viaje de investigación a Córdoba y Santiago del Estero contactando ONG de la zona.

Unos cactus, una casa de adobe, y kilómetros de senderos estrechos en los montes separan las viviendas de los hilanderos y tejedores que fueron sumando al proyecto. La idea era darles la posibilidad de trabajar de esto, una técnica ancestral que estaba perdiendo fuerza por la falta de acceso a mercados, y puedan mantener el modo de vida en medio de la naturaleza y con la familia cerca. En general, muchos de los miembros de las comunidades que tradicionalmente tejieron se ven obligadas a migrar a ciudades más grandes en búsqueda de mejores trabajos que rara vez llegan.

Hace seis años Noya, junto a su mamá Silvia Noya, quisieron tener un trabajo que tenga un sentido y un aporte más allá del rédito económico. “Las dos venimos de trabajar en multinacionales y bancos, en los sectores de tecnología y marketing. Había hecho un intercambio en la universidad a Wharton, y conocí el trabajo de las empresas sociales que eran competitivas independientemente de realizar caridad”, contó Rocío.

Una vez organizada la misión y producción de la marca, encontrarle un público que adquiriera el producto fue un nuevo desafío. Viajaron a Estados Unidos para concretar reuniones con clientes, showrooms y decoradores de interiores. Encontraron un mercado atestado de productos textiles. Corría el año 2013 y el cepo cambiario era una traba enorme para competir.

“La gente te dice que valora mucho el comercio justo pero si no te da el precio no lo compran”, reconoció Silvia. Luego de una semana de escasas oportunidades, las emprendedoras estaban pensando en dedicarse a otra cosa, dieron con dos representantes en Chicago y la gran manzana interesados en las alfombras hechas a medida. Un servicio personalizado fue la clave para diferenciarse basado en la confianza de experiencias previas.

Lograron posicionarse como un producto cada vez más deseado, Awanay es responsable de los tapices de los locales de Le Pain Quotidien y la famosa bloguera Chuffy les encargó 200 ruanas como souvenir para su casamiento gaucho-chic. (La Nación Argentina)