Opinión

La Wiphala ondeó en la AN

Cuando esta tierra no se llamaba América, la Wiphala ondeaba por la vastedad de los Andes entre los pueblos originarios. El imperio Inca venció a los aymaras, pero nunca pudo quitarles su bandera. El martes 19 de este noviembre ensangrentado en el Sur, la Wiphala flameó en la Asamblea Nacional de Venezuela, para espanto de los que aplauden a quienes pretenden retrotraer Bolivia a los días de la cruz y la espada, genocidio mediante y biblia en alto.

Las cámaras televisivas salieron de su tedio parlamentario, iluminadas por la geometría policromática de la Wiphala que eclipsó sus luces. Cuando activaron el audio, lograron escuchar: ¡Evo no está solo, carajo! La objetividad periodística fue sorprendida en su modorra, pero pronto desde los estudios, les advirtieron no seguir grabando. Los noticieros de la noche omitirían que una bandera salvaje cortó el bostezo de la derecha en plena sesión. Diego de Almagro y Francisco Pizarro fueron más directos y la ensartaron en sus espadas. Para nada: 500 años después, un par de fanáticos, un tal Camacho y una tal Añez, seguían intentando quemarla en La Paz, Bolivia.

La bandera es sagrada para los pueblos –simboliza su libertad-, desde la que nos trajo el generalísimo Francisco de Miranda, hasta la que se infiltró este martes 19 de noviembre en el Palacio Federal Legislativo de la República Bolivariana de Venezuela, llevada por los diputados de la patria. La que movió a Leoncio Martínez a preguntarse: “¿Por qué yo te quiero tanto?” y la que inspiró a Aquiles Nazoa y a Simón Díaz a pedirle a una niña: “Bórdame un mapa de Venezuela y un pañuelito para llorar”. Y todas las que nos explica Pablo Neruda en el poema “Cómo nacen las banderas”.

La Wiphala nació hace más de 2.000 años, cuando en la rodilla de una indígena andina se alisaba el primer hilo que donó una llama. Con Evo Morales entraría al Palacio Quemado de La Paz. Pasarían dos milenios para que el poeta Pedro Luis Hernández le cantara al gonfaloniero: “el que lleva la bandera en la batalla”. 20 siglos después, para expresar todo el significado de la bandera (la wiphala de la Bolivia profunda), José Martí escribió: “Yo quiero, cuando me muera, / sin patria, pero sin amo, / tener en mi losa un ramo / de flores, -¡y una bandera!.