Opinión

LA VIGA EN EL OJO PROPIO Y LA BRIZNA EN EL OJO AJENO

Econ. Marco Flores T./ Quito

No es nada nuevo lo que ocurre en Ecuador. Hace ya años perdió su brújula, decencia, valor, unidad y solidaridad. Entregado a una cómplice resignación se descompuso totalmente en el gobierno anterior que sin rubor ni ambages afirmaba que «la realidad había superado la legalidad».

Ahora mismo se observa a unos ciudadanos cayendo con todo sobre Jorge Glas y a otros defendiéndolo. Los abogados no se ponen de acuerdo, pero «desde su infinita sabiduría» han aparecido gentes y comunicadores de toda jerarquía intelectual, credibilidad, valores y principios, «con razón, sin razón o contra ella» (como dijera don Miguel de Unamuno) para apoyar o condenar la concesión del Habeas Corpus a Glas y su condicionada libertad.

Está claro que existen opiniones divididas y evidentes parcializaciones, dependientes de simpatías, antipatías, odios y afectos. Nada de esto es administrar justicia.

¿Alguien puede asegurar que Glas en sus procesos judiciales no ha sufrido persecución y manipulación política? ¿Las persecuciones pasadas justifican las persecuciones del presente? ¿Alguien realmente cree que en Ecuador existe independencia de poderes y estado de Derecho?

Lo que sí es indudable es que hay gente que parece no comprender que no se trata únicamente de Jorge Glas sino de cualquier ciudadano que no tiene garantías válidas de un juicio al menos justo y en Derecho.

¿Alguien ha visto el resultado de alguna investigación social seria y honorable que presente la opinión de la gente respecto de la condicionada liberación de Glas?

¿Alguien tiene la más mínima evidencia de que el correísmo se robó 70 mil millones de dólares que técnicamente no es otra cosa que una estupidez repetida sin sustento alguno? Si se lee el cansado, aburrido y larguísimo libro «Mejor gasto para mejores vidas», editado por tres economistas del BID (Izquierdo, Pessino y Vuletín) y publicado por el propio BID bajo la responsabilidad y criterios de sus editores se cerciorará que en ninguna parte del libro aparece semejante afirmación.

¿No es acaso el BID la institución donde se encuentra el impresentable exministro Martínez en un alto cargo creado política y cínicamente para él bajo el argumento de que el Banco Interamericano de Desarrollo BID «es un Banco que no es Banco»?

¿Alguien puede sentirse mínimamente tranquilo con la forma en que se manejan las instituciones, la justicia y los poderes del Estado en Ecuador?

Por el bien de los ciudadanos y de lo que de bueno le pueda quedar a este país no será primero de sacar la viga del ojo propio antes de mirar la brizna en el ojo ajeno (Mateo 7-5). Quizás entonces escuchemos los «sonidos del silencio».

Abril, 14 de 2022