Opinión

LA VIDA ES COMO UN MUNDIAL 

Dra. Patricia Aguirre de Martire/Guayaquil.

 

Colaboración.

 

 

Nadie llega a la final el primer día. Antes hay entrenamientos, sacrificios, derrotas, lesiones, errores y partidos que parecen imposibles de ganar.

Hay personas que llegan a nuestra vida como compañeros de equipo, y otras que solo juegan un partido antes de seguir su camino. Algunas nos ayudan a avanzar; otras nos dejan las lecciones más valiosas. Pero todas dejan algo.

A veces sentimos que vamos perdiendo en el marcador. Termina el primer tiempo y las cosas no salen como esperábamos. Sin embargo, los grandes partidos no se deciden en los primeros minutos, sino en la perseverancia, en la fe y en la capacidad de seguir jugando cuando todo parece estar en contra.

También hay momentos en los que Dios actúa como ese entrenador que observa el partido completo, mientras nosotros solo alcanzamos a ver una jugada. Nos desesperamos porque no entendemos el plan, pero Él sabe cuándo es momento de defender, cuándo de esperar y cuándo de atacar.

Y hay algo hermoso que nos enseñan los Mundiales: los equipos que llegan más lejos no siempre son los que tienen más talento, sino los que nunca dejan de creer.

Por eso, cuando la vida se ponga difícil, recuerda que todavía no ha sonado el silbatazo final. Mientras haya tiempo en el reloj, habrá esperanza. Mientras haya fe en el corazón, siempre existirá la posibilidad de remontar.

Y cuando mires hacia atrás, descubrirás que cada partido, incluso aquellos que perdiste, formaba parte del camino que Dios estaba utilizando para llevarte exactamente al lugar donde debías estar.

Porque, en el gran Mundial de la vida, la victoria más importante no consiste en levantar una copa, sino en llegar al final sabiendo que jugaste con fe, con amor, con valentía… y con Dios en tu equipo.

REFLEXIÓN:

En estos días en que millones de personas disfrutan la emoción de un Mundial, vale la pena recordar que todos estamos disputando un partido mucho más importante: el de nuestra propia VIDA.