Opinión

La Verónica

María Verónica Vernaza G./ Guayaquil

Viernes Santo y como es costumbre entre los católicos se medita el Vía Crucis, el Camino de la Cruz, que recorre desde que Jesús es condenado a muerte hasta su sepultura. Oficialmente las estaciones se establecieron entre los siglos XIV y XV, reservando para la Verónica la 6ta estación, tanto en la Iglesia católica romana como en las anglicanas, luteranas, metodistas y ortodoxas. Existen muchos lugares que afirman poseer este paño sagrado, pero todo queda en una simple especulación.

Tradicionalmente, la 6ta estación estaba dedicada a esa mujer que por compasión seca el Rostro Santo y cuya imagen queda grabada en el lienzo de lino, pero en el Viernes Santo de 1991 el Santo Padre san Juan Pablo II modificó las estaciones eliminando la figura de la Verónica. Hoy en día se pueden recitar ambas formas sin ningún inconveniente de faltar a la doctrina.

La verdad es que los evangelios no hablan de este episodio, no hay ninguna mujer que se llame así en la biblia. Pero si es verdad que sucedió ese extraño encuentro entre el Señor y la mujer, ese paño sería entonces una verdadera imagen o vero icono (de ahí el nombre de Verónica), como la Sábana Santa de Turín y el Santo Sudario de Oviedo para los católicos romanos, o el Mandylion de Edesa para los ortodoxos.

El evangelio apócrifo de Nicodemo, escrito posiblemente en el año 130, relata la curación del emperador romano Tiberio con la reliquia e indica que Verónica era la hemorroísa de los evangelios sinópticos. Los primeros papas en hablar de ella fueron Sergio IV en el año 1011 e Inocencio III en 1200, y Dante Alighieri la nombra en su Divina Comedia.

Sea cierta o no la historia de este encuentro, la mujer que limpia la faz de Cristo camino al Calvario ha sido trama para incontables obras de arte. La que a mí más me llama la atención es la obra de Francesco Mochi: Santa Verónica, realizada entre 1629 y 1639. Es una escultura elaborada en mármol de Carrara que se encuentra ubicada en la Basílica de san Pedro en el Vaticano y tiene cinco metros de altura.

La beata Ana Catalina Emmerick, (fines de siglo XVIII) tuvo revelaciones con respecto a la vida de Jesús, y entre ellas es conocida La Dolorosa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, escrito en el que el cineasta Mel Gibson basa su película La Pasión de Cristo. Emmerick describe el encuentro de una mujer llamada Serafia, quien se arrodilló a los pies de Jesús en su camino a la muerte para ofrecerle el lienzo. También indica la curación del emperador y que eventualmente la reliquia pasó a la Virgen María y luego a los apóstoles.

María Valtorta, una mística italiana de mediados del siglo XX, en El poema del hombre Dios, describe el encuentro de Jesús con las santas mujeres, hecho que recoge el evangelio de san Lucas. Valtorta describe que una de ellas llamada Nique es la que limpia el rostro del Señor. Pero además, cuenta que al día siguiente, cuando Niqued descubre lo que había en el paño, corre a los pies de la Virgen María, que se encontraba en compañía del discípulo más amado, y entrega como regalo el lino. Coincidentemente, esa misma escena plasma en óleo sobre lienzo el español Juan Antonio Vera y Calvo en 1864: La Verónica mostrando la Santa Faz a la Virgen y San Juan, pintura que se encuentra en el Museo del Prado en Madrid, España.

El famoso español Antonio Gaudí también creyó en ella, aunque la pieza que se encuentra en la Fachada de la Pasión en el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia, en Barcelona, España, haya sido elaborada por Josep María Subirachs. Todo el Vía Crucis está dividida en tres niveles siguiendo un orden ascendente para reproducir el Calvario. Cosa interesante, nuestra protagonista no tiene rostro para no interferir con la imagen de Jesús.

Así, realidad y arte se entremezclan en la misión de esta mujer. Una mujer normal como muchas, que al ver al necesitado no pierde tiempo en socorrerle y entregar lo poco que tiene, un pedazo de paño seguramente usado para secar el llanto, el sudor y la sangre, y que en recompensa recibe más de lo que esperaba.