Opinión

La vacunación se convierte progresivamente en una obligación

Daniel Tristancho/ Guayaquil

Universidad Casa Grande

Hace unos días el doctor Anthony Fauci, famoso médico estadounidense especializado en inmunología declaró ante el público que si en el pasado hubiera existido la misma desinformación que hay en la actualidad, el polio nunca hubiera desaparecido, haciendo clara referencia al gran porcentaje de ciudadanos antivacunas que residen en Estados Unidos.

No obstante, este tipo de personas, que solían ser tan característicos de Norteamérica, han comenzado a incrementarse en todos los rincones del mundo, incluyendo Ecuador.

Gente sin ninguna justificación real que desencadene un válido miedo a la inoculación. Individuos que ignoran que la raza humana ha sobrevivido a pasados brotes pandémicos con vacunas y le dan más prioridad a información de origen desconocido en cadenas de Whatsapp que a artículos científicos publicados por revistas de excelente trayectoria.

Se pueden conocer teorías de todo tipo en las calles de Guayaquil. Desde el ridiculizado 5G hasta unos supuestos efectos secundarios que en cerca de tres años matará a todo aquel que se puso cualquier vacuna.

A pesar de que una extraordinariamente amplia mayoría de profesionales con la experticia suficiente para dar su criterio han pedido a todos los seres humanos, que no tengan condiciones preexistentes de salud que se los impida, que den un paso al frente y se vacunen, una cantidad considerable de humanos han decidido seguir la senda de la indiferencia.

El doctor Fauci fue claro. El covid-19 no podrá debilitarse hasta el punto de permitirnos reanudar nuestra antigua vida si todas estas personas antivacunas no cumplen su rol.

La alcaldesa de Guayaquil, Cynthia Viteri, fue muy criticada cuando anunció que a partir de octubre solo las personas con el carné de vacunación van a poder ingresar a centros comerciales y utilizar el transporte público. Muchos mensajes en contra de la propuesta mencionan que solo en Ecuador sucede eso. Bueno, ahora estados franceses y las principales ciudades de Estados Unidos tomarán la misma clase de medidas.

Poco a poco la vacunación dejará de ser tan solo un derecho, sino que comenzará a ser una obligación ciudadana. No por intereses políticos sino por superar esta crisis de proporciones bíblicas. Será interesante ver la reacción de esta peligrosa minoría antivacuna cuando el estado comience a priorizar el bien común y destruir esas narrativas absurdas que algunos mantienen de forma ignorante.