Opinión

La Transfiguración del Señor

María Verónica Vernaza G./ Guayaquil

Mañana sábado recordamos la Fiesta de la Transfiguración del Señor, evento en el cual Jesús “se puso resplandeciente como el sol” delante de sus apóstoles más cercanos, Pedro y los llamados hijos del trueno, los hermanos Santiago y Juan. Ellos no solo vieron a Jesús transfigurado, sino que también observaron a Moisés y a Elías -como representantes de la ley y los profetas- y escucharon una voz que salía de una nube que declaraba: “Este es mi Hijo, el Amado, en quien me complazco, escuchadle”.

Las únicas versiones de este episodio se encuentran en los relatos de san Mateo y san Lucas. Es interesante destacar que ambos evangelistas cuentan ese momento justo después de que Jesús predice su Pasión, aunque Mateo indica que fue 6 días después, Lucas declara que fue 8 días después. Santo Tomás de Aquino nos recuerda que en ese suceso aparece la Santísima Trinidad: “el Padre en la voz, el Hijo en el hombre y el Espíritu Santo en la nube luminosa.”

Pero también en el Bautismo aparece la figura de la Santísima Trinidad, aunque en esa ocasión en forma de paloma. El evento lo cuentan los cuatro evangelistas. Si bien san Juan no hace referencia a las palabras del Padre, para Mateo, Marcos y Lucas la frase es muy similar: “Tú eres mi Hijo, el Amado, en ti me he complacido.”

Hay que tener en cuenta que en el Antiguo Testamento Dios habla un sin número de veces, comenzando con Adán y siguiendo con los profetas, no así en el Nuevo Testamento. Podemos identificar una tercera vez en la que Dios habla en los evangelios y solo está detallada en el evangelio de Juan. Es otro momento porque la frase que san Juan recopila es totalmente diferente a las anteriores: “Lo he glorificado y de nuevo lo glorificaré”.

La mística italiana del siglo pasado, María Valtorta, quien se cree que tuvo visiones sobre la vida pública de Jesús, indica que en tres ocasiones se abre el cielo no para consolar a Nuestro Señor, sino para los hombres. Es decir, como una manera de que nosotros -o más bien aquellos que estuvieron presentes- reconozcan en Jesús al enviado.

El año pasado, el papa Francisco nos propuso recordar la fiesta de la Transfiguración del Señor como un llamado que tenemos todos “a vivir el encuentro con Cristo, para que iluminados por su luz, podamos llevarla y hacerla brillar en todas partes, como pequeñas lámparas del evangelio que llevan un poco de amor y de esperanza.”