Opinión

     La Tecnología y agricultura

Guido Alberto Kuonquí Alcívar/ Guayaquil

gkuonqui@gmail.com

La producción agrícola debe aumentar en un 60% para 2050 con el fin de alimentar a una población que llegará a diez mil millones según la ONU.

Después de la Revolución Verde, de Norman Borlaug precursor de la agricultura moderna, es decir décadas de continuo crecimiento y tecnificación, existen dos temas principales que siguen siendo las grandes preocupaciones de los productores agropecuarios de todo el mundo: la producción y la calidad.

Los agricultores se encuentran en un sector altamente competitivo, con mayor demanda a precios más bajos. Para seguir rentables deben adoptar las nuevas tecnologías y la agricultura 4.0; con la finalidad de aumentar la eficiencia, la productividad y la calidad.  Existen múltiples compañías dedicadas a la agricultura de precisión, pasando por la tecnología dron, sistemas de fertiirrigación inteligentes, hasta cosechadoras inteligentes. Vivimos en la era de la tecnología y la infoxicación (sobrecarga de información) pero a pesar de ello, todavía no es adoptada por el agro ecuatoriano.

Los profesionales del campo no están explotando el máximo potencial de la tecnología que pueden implementar en sus campos, y también el máximo potencial de producción de sus cultivos.

El futuro de la agricultura será por la tecnología basada en Visión por Computador, el Big Data, la Inteligencia Artificial y la Observación de la Tierra, que permitirá identificar los valores cualitativos y cuantitativos de los cultivos con alta precisión y de forma predictiva.

El gran desafío por venir es obtener el conocimiento necesario para optimizar las actividades agrícolas. Las actividades de Agritech, como el riego inteligente, la fertilización o la cosecha inteligentes, solo pueden basarse en conocimientos precisos y sólidos; ‘Inteligente’ significa actuar de la manera más eficiente sobre los cultivos teniendo en cuenta la tecnología que se aplica.

El punto débil en este sector radica en el análisis de datos, con muy pocos profesionales en agronomía que sepan analizar los datos y sobre todo parametrizar los diferentes indicadores necesarios, bajo un criterio unificado, pero desarrollar algoritmos que analicen los datos, pero considerando las etapas fenológicas de los cultivos o ciclos circadianos de los animales, así como el suelo, agua, clima entre otros factores.

Con lo anterior estamos en capacidad prácticamente de monitorear cada planta, para cultivos permanentes o lotes desde 500 m2 de cultivos anuales, pero toda esta tecnología no desarrollará su máximo potencial cuando no se tiene el hábito de llevar registros de todas las actividades agropecuarias, en Ecuador el 95% no lo hace.

Con la inteligencia artificial, hasta ahora tenemos 25 indicadores agronómicos, con la digitalización del campo se consigue un mayor control y seguimiento de la evolución de los cultivos para tomar las decisiones correctas en cada momento; optimizar la gestión de la compra y la venta del producto en base la previsión de estimación de producción y calidad y orientar la cosecha en función del contenido de proteína de cada lote, aumentando así la rentabilidad de tu cultivo.

Pero en Ecuador la adopción de la tecnología se dificulta, ya que 95% de los productores no lleva registros, el 80% son pequeños y medianos con menos de 20 hectáreas y sobre todo un poco más del 60% tiene más de 58 años, no hay recambio generacional; pero una vez identificadas nuestras necesidades, solo resta cambiar, para garantizar la seguridad alimentaria de los más de 18 millones de ecuatorianos.