Opinión

La sombra

Claudio Campos

claudiocampos142@hotmail.com

@claudioncampos

Los fuertes truenos despertaron a Carlitos Schütz que de un salto salió de su cama feliz murmurando en un tono fuerte, por fin podré jugar un partido completo. Su mamá ya tenía el café con leche y las tostadas listas para el desayuno y con una sonrisa contempló la luz que irradiaba la cara de su hijo y entender que el aguacero permitiría que su retoño por primera vez sea parte del equipo del barrio en el torneo local durante todo el compromiso.

Doña Kety antes de salir lo espero en la puerta de la casa con el bolso y luego de darle la bendición se acercó y le susurró al oído, mi amor hoy es un día especial, propóntelo así. Carlitos camino con su paraguas las 15 cuadras que lo separaban de la cancha con una energía especial, asimilando que una de sus grandes frustraciones se iba a cortar. La fuerte lluvia se convirtió en llovizna lo que no impidió llevar a cabo el partido y mucho menos incidió en elegir y comenzar jugando el primer tiempo como era costumbre al lado del frondoso Ombú que era parte del paisaje en el mini estadio.

El resultado fue un aburrido 0 a 0 y todos se fueron fastidiosos a sus casas menos Carlitos que conservó cada una de las jugadas en sus retinas para siempre porque fue la primera y única vez que completo los 90 minutos en cancha. Una semana después todo volvió a la normalidad, el sol reinante obligaba a que su juego se basara en cubrir el sector izquierdo que tenía la inmensa protección de aquel hermoso árbol y pasar al ataque en esporádicas ocasiones sabiendo que no podía estar mucho tiempo lejos de su mejor aliada. Sus limitaciones lo encarcelaban a moverse en ese espacio; situación que siempre lo motivo a dejar todo su sacrificio y disfrutar cada minuto que le tocaba jugar disputando cada pelota como si fuera la última. Carlitos fue un niño albino, que encontró bajo aquella sombra el lugar perfecto para sentirse como uno más.

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