Opinión

La soledad del poder.

Dr. Jorge Norero González/Guayaquil

Algunos sienten un gran vacío, cuando habiendo sido funcionario público le faltaba tiempo para atender invitaciones, acudir a reuniones de directorios, cocteles, almuerzos, cenas, viajes, etcétera, pero terminado su tiempo como funcionario ni el perro lo saluda, dejó de sonar el teléfono, las invitaciones, los halagos, y el pobre individuo se refugia en una profunda meditación repasando y evaluando aquello que pudo hacer y torpemente se dejó manipular, condicionar y como es inevitable, una especie de chuchaqui moral les invade, obligándolos a salir de ese ambiente y viajar para reconstruir sus pasos, realidad y circunstancias…

Pero hay otro estadio de soledad del poder, provocado por la ausencia de verdaderos y leales equipos de asesores y funcionarios, que están en el entorno del funcionario, pero con agendas distintas, otros intereses y capaces hasta de traicionar al jefe si como el camarón se duerme y se lo lleva la corriente…

Por aquello, es fundamental tomar conciencia de ciertos aspectos que hacen de la política y de la administración pública una tarea sensible, delicada y de enorme responsabilidad.

En primer lugar, es fundamental tener siempre presente que el poder es personal y demanda de quien lo ejerce enorme responsabilidad al momento de delegar funciones, jamás se delega el poder porqué cualquier error del poder delegado arrastra al delegado hasta enjuiciamientos penales de incurrir en actos dolosos y culposos.

Conocer las rutinas del sector público es fundamental, para poder actuar con eficiencia e idoneidad, sin causar tensiones innecesarias optimizando los recursos públicos y humanos en el logro de objetivos nacionales, políticos y hasta coyunturales, siempre apegados al deber ser esto es a la ética y los principios deontológicos.

En este segundo aspecto cuando comienzan las críticas por escándalos de corrupción, tráfico de influencias, venta de cargos, ineficiencia en la gestión de los ministros, directores de empresas, etcétera, es muy probable que el presidente se sienta solo, utilizado, traicionado y en ese momento podría hasta pensar en renunciar y abandonar su responsabilidad asumida con un juramento ante Dios y la Patria…

Es por lo tanto mandatorio escoger con frialdad y monitorear hasta a la propia sombra cuando en nuestras manos se deposita la administración de recursos públicos y humanos, porque hacerlo de manera equivocada y hasta abusiva acarrea la posibilidad de acabar en una prisión y en ese momento el suicidio es el escape obligado de los cobardes y débiles, en lugar de aceptar los errores con responsabilidad y pagar por sus errores y equivocadas decisiones.

Semper Fi.