Opinión

La Sinfónica venezolana

Oscar Alarcón

Diario El Espectador de Colombia

Teníamos la ilusión de ver nuevamente a la Orquesta Sinfónica de Venezuela, dirigida por Gustavo Dudamel, interpretando en esta ocasión la Patética y las otras sinfonías de Tchaikovsky. Así se comentó aquí la semana pasada, pero el mismo día en que apareció la columna se anunció que el evento estaba suspendido. ¡Tan ilusos! Ese extraordinario programa impulsado por el maestro Luis Antonio Abreu, que educa en el vecino país a unos 250.000 jóvenes, también está en crisis. Si no hay comida ni papel higiénico, menos puede haber plata para los pentagramas. Al gran maestro Dudamel le toca irse con su música a otra parte. Dirigir las orquestas de Los Ángeles, de Berlín, de Viena, porque en Venezuela el palo no está para cucharas, máxime cuando ya prácticamente ha roto con el régimen.

Hace dos años, cuando la orquesta interpretó las sinfonías de Beethoven, Dudamel aprovechó la ocasión para tocar la suite de su autoría El Libertador, y al presentarla dijo que aún había dudas sobre las circunstancias en que murió Bolívar, haciendo eco a la especie de Hugo Chávez, su ídolo de entonces. Hasta el médico Alejandro Próspero Révérend se debió mover en su tumba con esa especie. Hoy las cosas han cambiado. El régimen no solo hizo trizas el programa de las orquestas juveniles, sino además atenta contra los jóvenes músicos y, hasta donde entiendo, le disminuyó gran parte del patrocinio, tanto que por eso no se aplazó, sino se suspendió lo que estaba programado para esta semana en Bogotá.

Luego del vil asesinato del violista Armando Cañizales, el maestro Dudamel se atrevió a poner un copón negro en sus redes sociales y hace unos días invitó a Maduro a suspender la Constituyente. Quién sabe cuándo volveremos a ver a la Sinfónica del vecino país en Bogotá. ¿Cuándo, embajador Iván Rincón Urdaneta, volverá a aplaudir con entusiasmo venezolano a sus compatriotas en el Teatro Julio Mario Santo Domingo, como lo vimos en años anteriores? Ojalá no pase mucho tiempo porque si no, ya estaremos Maduros.

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