Opinión

La seguridad no se improvisa; se previene.

Dr.  Jorge Alberto Norero González/Guayaquil.

 

El hostigamiento del que ha sido objeto la selección ecuatoriana de fútbol en los exteriores del hotel donde se hospeda en México constituye un hecho que no debe ser minimizado ni considerado como una simple anécdota propia de la pasión deportiva. Cuando la intimidación pretende alterar la tranquilidad de una delegación nacional, deja de ser una expresión de entusiasmo para convertirse en un asunto de seguridad.

Por ello, la Federación Ecuatoriana de Fútbol debe exigir formalmente a la FIFA que garantice, junto con las autoridades mexicanas, la protección integral de nuestros jugadores, cuerpo técnico y dirigentes antes, durante y después del encuentro frente a la selección mexicana por los dieciseisavos de final del Mundial.

Esta solicitud adquiere mayor relevancia considerando que Ecuador y México atraviesan un período de ruptura de relaciones diplomáticas tras los acontecimientos relacionados con la detención de Jorge Glas Espinel..

Precisamente por esa realidad, corresponde extremar las medidas de prevención para impedir que cualquier manifestación de intolerancia o exaltación política termine afectando un evento que debe ser exclusivamente deportivo.

El fútbol representa la amistad entre los pueblos, el respeto mutuo y la sana competencia. Ningún aficionado, por apasionado que sea, tiene derecho a convertir una fiesta deportiva en un escenario de provocación, amenazas o violencia.

La prudencia aconseja actuar antes de que ocurra un incidente. La seguridad no se improvisa; se previene. Ese principio debe inspirar la actuación de la FIFA, de las autoridades mexicanas y de la Federación Ecuatoriana de Fútbol, para que la delegación ecuatoriana pueda cumplir su compromiso deportivo con todas las garantías que merece.

El deporte debe unir a las naciones, nunca profundizar sus diferencias. Que el resultado del partido se decida únicamente en la cancha y que la victoria sea también para el respeto, la convivencia y el juego limpio.

Semper Fi.