Opinión

La seguridad, huA�rfana

Juan Lozano

@JuanLozano_R

Las 4.000 personas que se congregaron en El Tarra para pedir al Eln y al Epl que cesen su accionar violento que martiriza a la sociedad civil en el Catatumbo son el testimonio elocuente y desgarrador de un estado ausente e indolente que sigue hablando de paz con cualquiera que conteste en inglA�s o en francA�s, pero que no es capaz de hacer presencia con las fuerzas legA�timas en los territorios que se estA?n disputando a plomo limpio las organizaciones armadas.

La paz de exportaciA?n, la paz de los foros internacionales, la paz de los gobelinos contada en otros idiomas se presenta como vigorosa e irreversible. Nada mA?s alejado de la realidad. AquA�, en Colombia, la cosa es a otro precio.

Volvimos al pasado sangriento de los pueblos sitiados y las regiones bloqueadas por al accionar de subversivos y violentos. Los brazaletes ciertamente ya no dicen Farc. Y hay un nA?mero muy importante de desmovilizados en vA�as de reincorporaciA?n. Pero ahora pululan brazaletes del Eln, y del Epl, y del a�?clan del Golfoa�� y de los a�?Guachosa�� y similares que, ademA?s, agencian a los narcos de Sinaloa, o a los del Brasil o a los de los soles de Venezuela. Y tambiA�n de las llamadas disidencias, que a estas alturas no sabemos si son efectivamente disidencias, o son reincidencias, o son coincidencias.

El panorama de esta semana no pudo ser mA?s desalentador. Una cA?pula militar acorralada que lucA�a errA?tica tratando de explicar unas cuentas que no cuadran, unas platas que faltan, un soborno aquA�, un exceso allA?, una indelicadeza mA?s acA?, corrupciA?n en sus propias barbas y camorras internas, sitiada por los A?rganos de control que estA?n haciendo su oficio frente a los gastos reservados y a la agencia logA�stica.

Y unos territorios salidos de control. El paro armado que no termina, el narcotrA?fico disparado, los cultivos ilA�citos campeando, Estados Unidos reclamando, a�?Guachoa�� desafiando a dos naciones, Tumaco en apagA?n recurrente, las fronteras mA?s porosas que nunca, la tasa de homicidio trepada, el imperio de hampa, la tropa y la reserva activa inconformes, los policA�as del nivel ejecutivo burlados con promesas incumplidas, en fin.

Aunque ya el perA�odo estA� terminando, aunque ya los funcionarios estA�n empacando sus maletas y buscando dA?nde aterrizar, aunque estA�n en la cuenta regresiva de los dA�as que faltan para que se elija y asuma el nuevo gobierno, esta sensaciA?n de vacA�o no debe continuar.

Ni la descolgada del A?nimo en los despachos oficiales por los precarios niveles de aceptaciA?n ciudadana de la gestiA?n de estos ocho aA�os, ni la sensaciA?n de frustraciA?n porque ningA?n candidato presidencial asuma una defensa vertical del Gobierno, ni la soledad presidencial tras perder a muchos de sus escuderos elocuentes de los dA�as de sol, nada, nada justifica esta actitud entreguista y pasiva ante la catA?strofe de la seguridad.

Respetuosamente sugiero que el seA�or Presidente, que fue ministro de Defensa, rescate a su propio ministro y a la cA?pula militar y policial del abandono que transmiten, que los oriente y acompaA�e a poner la cara, a poner orden y a ponerle ganas a la faena. Nunca es demasiado tarde para que el Presidente reasuma como Comandante en Jefe, como lo hizo reciA�n elegido, para que se haga presente en los territorios, para que lidere los operativos, para que no deje al garete esta tarea tutelar.

Incluso, la sostenibilidad de los logros de la negociaciA?n con las Farc depende de que el Gobierno haga sus tareas bien, que gerencie, que cumpla con la palabra empeA�ada e impida que los territorios sigan abandonados.

Se ha perdido mucho, pero se puede perder mA?s si no se recupera un liderazgo claro en materia de seguridad ciudadana, defensa nacional y soberanA�a colombiana. Tres meses parecen muy poquito, pero si no hay gobierno en acciA?n, en el futuro estos meses finales de la era Santos pesarA?n como si fuera un siglo de ausencia.

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