Opinión

La responsabilidad, el antídoto

Claudio Campos

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@claudioncampos

Durante toda la noche cayó aguanieve en Trevelín, un poblado muy lindo de inmigrantes galeses cercano a Esquel pegado a la cordillera de Los Andes, algo típico en los meses de invierno que azotan con dureza aquella zona inhóspita de la Patagonia Argentina. El mal clima reinante complicaba las actividades de todos y ponía en duda la realización de la misma hasta última hora. Amaneció soleado con un contraste único que genera la nieve y su reflejo, lo que preveía un hermoso día.

La semifinal del torneo más importante se jugaba esa misma tarde a partir de las 15hs, situación que alteró la ansiedad de Pablito Espinosa que había pasado toda la noche con picos de 39 de fiebre y no se quería perder por nada del mundo ese partido. Se levantó y le pidió a su mamá que le preparará un té bien caliente con limón, de esta manera se sentó cerca de la ventana de la cocina y observó que de a poco se derretía la nieve y que con seguridad el partido se iba a disputar, aunque aún faltaban algunas horas.

Por insistencia de su progenitora se ducho con agua fría, tomó unas medicinas, volvió a la cama y se mantuvo allí leyendo un libro hasta cuando escuchó que ella salió hacer unas compras. En ese instante, sin dudarlo agarró su bicicleta y se fue con su mochila y se presentó a la hora pactada en el lugar que tenían que jugar. Saludo a su entrenador sin mirarlo a la cara para que no se dé cuenta que no estaba bien y se preparó sin pronunciar una palabra.

Pablito anotó tres goles y salió faltando 5 minutos porque su mamá desesperada llegó a buscarlo y después de una reprimenda importante volvió a la cama muy decaído pero con la satisfacción de haber llevado a su equipo al partido más decisivo e importante de su historia. En la final no tuvo permiso médico para jugar y su equipo perdió 2 a 0, pero en realidad eso es sólo una anécdota.

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