Opinión

La historia casi completa de la Independencia de Guayaquil

Guillermo Arosemena Arosemena/Guayaquil.

 

Múltiples episodios tienen vacíos o información equivocada en la historia del Ecuador; ocurren por falta de información o mala fe; hay muchas verdades a medias. Me di cuenta desde los años ochenta. Lo mismo sucede con la tarea de revisar la historia.

Creo que la mayoría de los historiadores ecuatorianos, especialmente los que viven en Quito, están convencidos que la historia está grabada en piedra y es prohibido revisarla. Para los mencionados sus obras son verdades históricas.

La matriz de la Academia Nacional de Historia (ANH), de nacional no tiene nada, solamente sus miembros que pertenecen a varias provincias, ubicada en Quito, se queda con la mayoría de los recursos. En los años que formé parte, nunca recibí un presupuesto ni la distribución de los recursos que entrega el gobierno. Ha protestado por el alcalde de Guayaquil haber cambiado pocas calles del centro de nuestra ciudad, de nombre 10 de agosto a República de Guayaquil. Igual situación de centralismo tiene lugar en la Casa de la Cultura, matriz Quito; la nuestra no tuvo bibliotecaria durante meses o la de Los Ríos que tiene que mantener a la Hacienda La Virginia del prócer José Joaquín Olmedo y es vergüenza como museo. No tiene recursos.

La ANH escribe de desunión entre ciudades alegando la inexistencia de la República del Ecuador, pero sí proclama el 10 de agosto como el Primer Grito de la Independencia, cuando fue proclamada a favor del rey Fernando VII y meses antes había ocurrido lo mismo en lo que hoy es Bolivia y Argentina. ¿Se opuso algún guayaquileño cuando crearon esa cuña histórica?

Es verdad que el gobierno de Guayaquil de 1820 no puso el nombre de República al territorio liberado, pero cumplió con todos los requisitos para ser república: Constitución, libre elección, nombramiento de poderes Ejecutivo y Legislativo, etc.

Efectivamente el citado gobierno admitió que el territorio liberado no tenía recursos económicos, su población no era educada y convenía incorporarse a otro Estado y aprobó convocar al colegio electoral (legislatura) el 21 de septiembre de 1821, pero no tuvo lugar, ocurrió entre el 28 y 31 de julio de 1822, es decir, casi un año después. ¿Qué sucedió? No he encontrado actas del resto de 1821 ni del 1822 hasta las de julio que hagan referencia a la postergación. Seguramente el gobierno dio marcha atrás y lo confirma el cruce de correspondencia confrontadora entre Bolívar y Olmedo; este último afirmando tener la libertad para seleccionar el camino a seguir. La evidencia más clara es la Carta de Bolívar del 2 de enero de 1822 a Olmedo, le escribía que «con una ciudad y un río no se puede hacer una república”. Y frecuentemente se refería despectivamente a la provincia de Guayaquil como “republiquita”. Desde el inicio, el gobierno no estaba convencido de unirse a Colombia.

El 21 de febrero de 1822 Francisco Roca, uno de los miembros del gobierno de Guayaquil y empresario adinerado, fundó el periódico El Republicano del Sur y en la tercera edición escribió: “Sí Guayaquil podrá ser un estado pequeño independiente”. En cada palabra, Roca expresa que Guayaquil debe tener absoluta libertad y no ser atropellado por un estado más fuerte.

Bolívar consideró a Roca su enemigo y le reclamaba a Olmedo. Se requirió de un traidor, el procurador Llona, que elaboró una supuesta proclama en la que firmaba “todo” Guayaquil, cuando apenas había 193 firmas, nombres repetidos, de niños y de personas que no eran vecinos y el golpe de Estado dado por Bolívar el 13 de julio de 1822 y miles de tropas acantonadas en Guayaquil y alrededores para forzar la incorporación a Colombia. El cabildo cuestionó a Llona por haber mentido, pero callaron por el temor a las tropas. Contrario a lo que se afirma en la mayoría de las biografías de Olmedo, él no abandonó Guayaquil antes del colegio electoral iniciar sus sesiones; las inauguró y dirigió el primer día, 28 de julio. ¿Por qué Olmedo no se quedó hasta el final? No pude encontrar respuesta. El 31 del mismo mes, el colegio electoral aprobó la incorporación a Colombia. Su secretario, Pablo Merino le hace conocer a Bolívar, pero le advierte que Guayaquil no reconoce la Constitución de Cúcuta (Colombia).

Mi título es historia “casi completa” porque hay muchas preguntas que no tuve respuestas e investigué por meses.