Internacional

La represión china cruza fronteras

En los últimos meses, las desapariciones de ciudadanos chinos o europeos viviendo en China ha sido una constante: se “esfumaron”.

PEKÍN. La confirmación de que la policía china tiene bajo custodia a tres libreros hongkoneses desaparecidos en 2015 evidencia que la campaña de represión del Gobierno de Xi Jinping ha cruzado fronteras y nadie parece detenerle.

La “reaparición” de los tres libreros desaparecidos en extrañas circunstancias engrosa la lista de casos sin explicar, que apuntan a una connivencia entre Pekín y otros gobiernos de la región.

En los últimos meses, las desapariciones de ciudadanos chinos o europeos viviendo en China ha sido una constante: se “esfumaron” mientras estaban de vacaciones en Tailandia o cuando escapaban del país, a través de Birmania, en busca de asilo político en Occidente.

Primero fueron activistas, luego familiares de disidentes y, en los casos más recientes, periodistas o editores de Hong Kong especializados en libros que recogen sórdidos detalles del gobernante Partido Comunista, de menor o mayor credibilidad.

Desaparecieron y, por sorpresa, volvieron a aparecer en China bajo custodia e incluso en la televisión estatal CCTV confesando sus supuestos delitos.

Uno de los últimos y más sonados casos ha sido el del periodista Li Xin, un joven editor del sur de China que no aguantaba la presión de las autoridades, que incluso le obligaron a espiar para ellas, y decidió exiliarse.

En su huida, consiguió llegar a Tailandia, pero desapareció junto a la frontera con Laos. Esta semana llamó a su mujer y le dijo que estaba siendo investigado en China, sin que Pekín haya explicado cómo Li llegó de Tailandia a una comisaría china.

“Tailandia solía ser el camino a la libertad para los activistas chinos, pero desde octubre, China ha secuestrado a muchos allí y puede haber muchos casos más de los que ni siquiera somos conscientes”. Lo explica a Efe Zhou Fengsuo, líder de las protestas de Tiananmen de finales de los 80 y principal apoyo en el extranjero de disidentes en China, a los que ayuda a salir del país.

Zhou recuerda el caso similar de Gui Minhai, de pasaporte sueco y origen hongkonés, y uno de los cinco editores desaparecidos cuyos libros sacaban los colores al Gobierno. A Gui, que trabajaba en Hong Kong -región con mayores libertades- se le vio por última vez en Tailandia en noviembre.

Este enero, la televisión china rompió el misterio. Gui apareció en la pequeña pantalla asegurando que se había entregado a las autoridades chinas por un atropello que cometió en 2004 y del que no “había rendido cuentas”.

Se trata de una supuesta confesión que ponen en duda familiares y amigos. En este caso, tampoco hubo explicación oficial.

Un portavoz del Ministerio de Exteriores, Lu Kang, rechazó hoy cualquier intromisión exterior en el caso de los libreros, tengan doble nacionalidad o no, ya que Hong Kong “es parte de China” y Pekín no admite “injerencias” en su gestión de ese territorio.

“Las autoridades chinas parecen estar confiadas en extender su nefasta legalidad a disidentes más allá de sus fronteras”, dice William Nee, investigador de Amnistía Internacional.

Nee asegura que hay una creciente preocupación porque China esté globalizando su campaña de represión, mientras la comunidad internacional carece de una respuesta contundente.

“China se da cada vez más cuenta de que los centros de poder extranjeros -otros estados o instituciones internacionales- dependen mucho de su peso económico y por eso, probablemente, sus respuestas a las acciones chinas serán muy leves”, opina Surya Deva, profesor de la Universidad de Hong Kong y editor jefe de Diario de Negocios y Derechos Humanos, de la Universidad de Cambridge.

A menos que el Gobierno chino cruce alguna línea roja, añade Deva, “es improbable que EEUU o la UE ejerzan presión real”.

El silencio internacional coincide con la oleada de represión más intensa en China desde finales de los 80, con acciones continuadas y en escalada contra disidentes, activistas, abogados e incluso personas que hasta ahora no pertenecían a la “lista negra”, como las feministas.

Los expertos coinciden en que el miedo es lo que mueve al presidente Xi, tras haber puesto patas arriba la dinámica del Partido con su campaña anticorrupción, que se ha llevado por delante a veteranos miembros de la formación, y mientras la economía sigue desacelerándose, una situación a la que no está acostumbrado.

Todo ello, coinciden, puede haber llevado al Gobierno a ver posibles amenazas “por todos lados”. Incluso, en Tailandia. (EFE/La Nación)