Opinión

La reestructuración del examen de acceso a la educación superior fue un buen paso para el país.

Daniel Tristancho/ Guayaquil

Pasante de la Universidad Casa Grande

daniel.tristancho@casagrande.edu.ec

 

Desde un principio, Lasso había dejado claro en sus propuestas de campaña que planeaba eliminar el examen de Ser Bachiller. Este fue reemplazado por el (EAES) Examen de Acceso a la Educación Superior, pero al final Lasso ha decidido dar borrón y cuenta nueva, apuntando a diseñar una prueba llamada Transformar que consistirá en una prueba asistida por un test vocacional.

Es bueno que se haya ido replanteado la idea desde cero. El EAES aún no representaba una realidad muy alejada de la prueba Ser Bachiller, que acarreaba varios problemas como los temarios de examen incongruentes con lo enseñado en el periodo académico de las instituciones educativas y la cantidad de trampa que existía dentro de los procesos.

Eso es justo lo que debía realizarse ya que, por otro lado, el país no puede quedar a la merced de la ausencia de una prueba que actúe como filtro para medir la excelencia académica. Una prueba que priorice a quienes estudian más sobre los que estudian menos apostando a un futuro con mejores profesionales.

La prueba Transformar, debe acabar con estos problemas que el Ser Bachiller y el EAES han arrastrado. Se deben elaborar cuestionarios con temas que cada estudiante haya visto en su institución educativa. Además, deben incrementar sus medidas de seguridad para que el volumen de filtraciones no llegue hasta los alarmantes niveles de las antiguas pruebas.

Según lo que ha dicho el presidente, tiene en mente ampliar el número de estudiantes que logran ingresar a la universidad, por lo que será interesante observar que clase de mecanismo acopla al momento de expedir los resultados, junto con el trabajo en conjunto que deberá elaborar con las universidades para incrementar los cupos.

El rediseño del examen era la decisión correcta. El país no puede prescindir de este tipo de mecanismo y, por otro lado, la juventud ecuatoriana tiene el derecho de rendir esos exámenes en igualdad de condiciones, sin trampa y solo siendo evaluados por temas que, en efecto, si vieron en sus colegios.