Opinión

LA REENCARNACIÓN

POR: ERNESTO VERNAZA TRUJILLO/Guayaquil

 

Cuando el humorista y actor Georges Burns cumplió 90 años, recuerdo le hicieron dos preguntas cuyas respuestas fueron hilarantes. – 1.-¿cuál sería el mejor regalo que usted podría recibir el día de hoy que es su cumpleaños ? ¡Una demanda de paternidad contestó! 2.- Asumiendo que exista otra vida después de la muerte: ¿qué le gustaría que le diga dios? ¡Regrésate que ha habido una equivocación!

Burns no creía en otra vida, pero todas las religiones atisban un más allá que es consecuencia de lo que usted ha hecho más acá. Desde que Platón descubrió que el hombre es cuerpo y alma, las dos religiones más grandes del planeta, la cristiana 2.300 millones y musulmana 1.500 millones de fieles, nos advierten de la necesidad de creer en ellas y adoptar sus códigos morales, ritos y dogmas a fin de disfrutar, luego que se caduque nuestra partida de nacimiento, de un cielo lleno de felicidad por la eternidad. De no creer en ellas o actuar en contra de sus normas, iremos a parar -sin escala intermedia- a un lugar siniestro lleno de lágrimas, sufrimiento y dolor perpetuo.

Pero existen otras creencias respecto a lo que nos pasa luego de morir, de las cuales participan algo más de 900 millones de personas y es la reencarnación.

La creencia en la reencarnación ha estado presente desde la época de la pera en la mayoría de las religiones orientales, como el hinduismo, el budismo, el jainismo y el taoísmo.

La idea gira alrededor del Karma, que son nuestras acciones que al final de la vida generan un paso adelante o un retroceso en reencarnación, la ley del karma o ley de causa y efecto establece que nuestras acciones físicas, verbales y mentales son causas, y nuestras experiencias son sus efectos.

Cada ser posee su propio karma individual. Disfrutar de buena salud o sufrir enfermedades; tener un físico atractivo o fealdad extrema, estar alegres y conformarse con poco o de mal humor y nunca satisfecho, tener habilidades, torpezas, inteligencia, tontería, franqueza o hipocresía, etc. no son otras cosas que resultados del karma. Si sufrimos es porque hemos cometido numerosas acciones dañinas en vidas pasadas.

En nuestra vida presente sembramos lo que vamos a cosechar en la siguiente, debemos ir mejorando -a golpe de vidas y experiencias- la pureza de nuestra alma, hasta que ésta, en un estado de santidad se pueda reunificar con el creador. Entonces seremos uno.

Como no hay un Papa que los guie y ponga orden, como por ejemplo clausurar el limbo, cada religión que cree en la rencarnación tiene distintos dogmas, algunas dicen que solo se pueden reencarnar 108 veces, otras que su número es infinito, unas creen que la reencarnación siempre es en otro humano, otras que se puede retroceder, incluso descender a convertirse en un animal; se asegura que para reencarnar se necesita estar muerto, cuando otras piensan que puede estar vivo. Es un menú variado.

El Dalai Lama que lame, se ha reencarnado 13 veces desde 1391 cuando nació la primera vez, tiene 88 años y vive en la India desde que china invadió el Tibet.

El gobierno chino prohibió la reencarnación a los monjes budistas del Tíbet, cuando no tengan la autorización apropiada de Beijing; la revista News Week, en lugar de estimar como estúpida la resolución, señalo que fue una «medida importante para institucionalizar el manejo de la reencarnación».

En Ecuador solo se conoce que se reencarnan las uñas. La mejor prueba de la creencia en la reencarnación es cuando usted hace un testamento y se deja todo así mismo.

Debo reconocer que yo creía en la rencarnación… pero eso fue en vidas pasadas.