Opinión

La presión para que la población restante opte por vacunarse

Daniel Tristancho / Guayaquil

Universidad Casa Grande

daniel.tristancho@casagrande.edu.ec

 

Hace pocos días se anunció que el partido entre Ecuador y Paraguay por las eliminatorias al mundial de Qatar se jugaría aquí y con público, con los requisitos de que quienes van a asistir a ser parte del 30% de capacidad que el COE aprobó para el estadio, presenten su carné de vacunación con las dos dosis o una prueba PCR negativa con una duración máxima de 72 horas previas a la presentación. Poca gente reconoció este duro golpe que las autoridades le acertaron a los famosos “anti-vacunas”.

Si bien ponerte las dos dosis de cualquier vacuna no cuesta ni un centavo para el ciudadano ecuatoriano, hacer una prueba PCR si lo cuesta, y en ese caso no se cuenta de a centavos, sino de a billetes. Una prueba PCR en la actualidad puede estar costando entre 45 a 70 dólares. Un rasgo de personalidad que muchos guayacos compartimos es que tenemos una inclinación fuerte por lo barato. A pesar de que la necesidad de PCR está más que sobreentendida para poder ingresar a un espacio aglomerado, puesto que es un indicador de que quién ingresa no porta la enfermedad, también está representando una situación de “vacúnate o paga”.

Este tipo de situaciones, acompañadas de la viveza de los negocios de otorgar beneficios a los ciudadanos vacunados (quienes ya constituyen cerca de la mitad de la población del país) y del propio gobierno central de otorgar insumos a quienes se inoculan han inclinado, e inclinarán, aún más la balanza hacia el lado de los ciudadanos que optan por vacunarse.

No hay duda de que en lo que respecta a la vacunación, Guillermo Lasso ha cumplido. Pero las propias autoridades, así como la ciudadanía, también están impulsando fervientemente a las personas a que sean parte de la campaña de vacunación. A estas alturas, se puede decir con seguridad que el vacunado si cuenta con beneficios, desde económicos hasta materiales, y esto se convertirá en un gran factor para que los rezagados cambien de opinión.