Opinión

La presión de las apariencias

Por: Yovana Cárdenas Lino

Desde Lima, Perú, para La Nación de Guayaquil, Ecuador.

 

En una era donde las redes sociales dictan gran parte de nuestras interacciones y el culto a la imagen se eleva a niveles sin precedentes, es vital detenernos a reflexionar sobre el verdadero valor que reside en lo auténtico. En este artículo, exploraré cómo la obsesión por las apariencias ha permeado cada aspecto de nuestra vida diaria y por qué es fundamental revalorizar lo genuino en un mundo inundado por la superficialidad.

Desde la forma en que nos vestimos hasta la manera en que presentamos nuestras vidas en línea, estamos constantemente bajo la presión de cumplir con ciertos estándares de belleza y éxito impuestos por la sociedad. Las redes sociales, en particular, nos han brindado una plataforma para construir y proyectar una imagen idealizada de nosotros mismos, generando una competencia constante por obtener más seguidores, likes y validación externa.

Sin embargo, en medio de esta vorágine de vanidades, es crucial recordar que la verdadera grandeza no se mide en términos de popularidad en línea o posesiones materiales, sino en la calidad de nuestro carácter y la autenticidad de nuestras acciones. Es en este contexto, destaco la figura ejemplar del Dr. David Tejada de Rivero, cuya sabiduría y liderazgo trascienden las fronteras de las apariencias, nos recuerdan la importancia de enfocarnos en lo que realmente importa.

El Dr. Tejada de Rivero, destacado médico peruano y exfuncionario de la Organización Mundial de la Salud (OMS), además de haber ejercido dos veces como ministro de Salud en los periodos 1985 y 1989, nos ha brindado un valioso legado sobre la verdadera riqueza. Él nos enseñó que esta no se encuentra en la acumulación de bienes materiales, sino en nuestras capacidades, nuestra honestidad y nuestro compromiso con los demás. Su ejemplo inspirador nos impulsa a reevaluar nuestras prioridades y a reconocer el valor de lo auténtico en un mundo donde las apariencias suelen tomar el control.

Es hora de celebrar la honestidad sobre la hipocresía, la humildad sobre la arrogancia y el compromiso con el bien común sobre el individualismo desenfrenado. Es momento de valorar a las personas por lo que son, no por lo que aparentan ser. Sigamos el ejemplo de aquellos como el Dr. Tejada de Rivero, quienes nos recuerdan que la verdadera grandeza reside en la esencia misma de lo que somos como seres humanos.