Opinión

La pomada antimosquitos

Al ingeniero burundés Gérard Nigondiko le persigue la malaria. Tras perder a la mitad de su familia a causa de esta enfermedad y sufrir él mismo graves crisis que le condujeron en tres ocasiones al hospital, decidió dejar de huir y comenzar a hacerle frente. Fue en 2013 cuando ideó unos jabones a base de repelente especialmente pensados para niños. No es casualidad que alumbrara esta iniciativa en Burkina Faso, el país con más muertos por paludismo de todo África y donde, pese a todos los esfuerzos internacionales, la cifra de casos se resiste a descender. En un viaje a San Francisco conoció al experto en nuevas tecnologías Frank Langevin, quien se enamoró del proyecto y le acompaña desde entonces.

“Cuando los niños duermen bajo mosquitera, y lo hace el 60%, están protegidos, pero la mayor parte de las picaduras tienen lugar en el exterior por la tarde. Tras hacer varias encuestas descubrimos que más del 90% de los menores de cinco años reciben una crema a esa hora para que puedan dormir mejor. Cambiamos de idea y en lugar de fabricar jabón nos decidimos por una pomada. Así nació Maïa”, explica Langevin. Tras realizar todas las pruebas sobre el terreno y obtener las autorizaciones pertinentes, en los próximos meses comenzará la distribución de este suave ungüento antimosquito que se fabricará en Costa de Marfil y que cuenta con un aliado fundamental, una asociación de microfinanzas integrada por 18.000 mujeres que están siendo formadas como vendedoras.

Fuente:  El Paìs.com