Opinión

La política de dos ruedas para el Perú

La movilidad hoy populariza la bicicleta. Este vehículo, que surge en 1885 con la Rover Safety Bicycle, ha vuelto al futuro.

Es difícil reconocer una idea como buena cuando ya la tuvimos. Sin embargo, la bicicleta es ese vehículo que nos encantaría volver a usar.

De acuerdo con Carlton Reid, autor de Roads Were Not Built for Cars, la gran construcción de autopistas en Estados Unidos fue impulsada por los ciclistas, y no fue hasta años después que se empezó a producir el automóvil y este se aprovechó de las carreteras.

Lima no cuenta con un sistema de ciclovías articulado, no obstante tener más de 180 kilómetros de rutas. Hay un 80% de limeños motivados a utilizar una bicicleta para ir a trabajar o estudiar si se solucionaran los problemas que enfrenta su uso, según un estudio de Ipsos del 2017.

La demanda ciclista es parte de la solución de la movilidad. Por ejemplo, las bicicletas fueron 30% más rápidas que su contraparte motorizado en una prueba por las avenidas Alonso de Molina, Paseo de la República, Javier Prado y Costa Verde.

Al ir pedaleando, uno va redescubriendo su ciudad. Este camino también se encuentra asociado a una reducción del estrés y mayor felicidad en comparación con los usuarios de autobuses, que experimentan emociones más negativas y proclives al conflicto, según estudios de YMCA Reino Unido o la Universidad de Clemson en Estados Unidos.

El Estado peruano también identifica su utilización como medio para reducir las brechas sociales. Este es el caso del programa Rutas Solidarias: Bicicletas Rurales, que apunta a crear bancos de este vehículo de dos ruedas en zonas pobres de difícil acceso a la escuela, donde su uso implica calidad de vida y rendimiento educativo.

De la misma manera, los nuevos gobiernos locales y regionales pueden ver el fomento de ciclovías como obras buenas, bonitas y baratas. Su implementación no solo es más simple que los necesarios sistemas de ómnibus o los costosos metros subterráneos, sino que también permiten dar el espacio y rédito político necesario a corto plazo para ir trabajando el largo plazo.

Para no ir tan lejos, basta con observar a Bogotá o a Santiago de Chile, donde el pasado 13 de noviembre entró en vigencia la ley de convivencia vial.

Los ciclistas ganan el derecho de que los conductores de autos deben mantenerse a una distancia mínima de 1.5 metros, pero también asumen el deber de usar cascos, implementos de seguridad y no ir por la vereda.

En ese sentido, la aprobación de la Ley que promueve y regula el uso de la bicicleta como medio de transporte sostenible es una oportunidad de demostrar que sintonizamos con el cambio.

Por: Eduardo Salmón Salazar