Opinión

La pobreza se ‘siente’

La semana pasada el Departamento Nacional de Estadística (Dane) publicó los resultados de su Encuesta de Calidad de Vida (ECV) de 2022, cuyo objetivo es “obtener información que permita analizar y realizar comparaciones de las condiciones socioeconómicas de los hogares”. La medición anual toma una fotografía en varios aspectos, incluidas las respuestas a los choques económicos y las percepciones sobre la situación económica.

Precisamente en este último aspecto la ECV presenta unos datos que ratifican que la reducción de los altísimos niveles de pobreza que dejó la pandemia debería ser la política social y económica más prioritaria para el Gobierno Nacional. En 2022 más de la mitad –el 50,6 por ciento- de los jefes de hogar colombianos se considera pobre– 43,7 por ciento en las capitales y 74,1 por ciento en las zonas rurales. Esta proporción es casi cuatro puntos porcentuales mayor que en 2021 y 12,7 puntos más que en 2019, año previo a la pandemia.

Queda claro que la reactivación económica de 2021 y 2022 redujo el choque de la pandemia en términos de pobreza monetaria –el último indicador del Dane es de 39,1 por ciento de la población nacional– pero la percepción de los colombianos sobre su condición de pobreza no recoge esos efectos en ingreso.

Al contrario, los jefes de hogar muestran en la medición una sensación tanto de empeoramiento de sus condiciones con respecto al año anterior como de perspectivas pesimistas en torno a los próximos doce meses. Más de la mitad de los encuestados de la ECV sienten que sus probabilidades de comprar ropa, zapatos, alimentos, muebles y electrodomésticos son menores hoy que hace un año. A pesar de un 2022 donde los niveles de desempleo se redujeron en línea con el dinamismo de la actividad productiva nacional, tanto la voraz inflación como los límites de la reactivación económica en materia social y de ingresos impactó el sentir de los hogares sobre sus condiciones.

Ese aporte de la reactivación se nota en la diferencia en el porcentaje de hogares que afirman haber sufrido al menos un evento o choque económico: del 42,2 por ciento en 2021 al 22,9 por ciento al año siguiente. No obstante, la deuda fue el camino predilecto por los colombianos para enfrentar eventos como el atraso en servicios públicos y la pérdida de empleo. La seguridad alimentaria también registra en la ECV unas respuestas preocupantes: el 42,7 por ciento de los hogares colombianos se preocupó por no tener suficientes alimentos y el 38 por ciento consumió poca variedad de alimentos.

No deja de ser llamativo que la apuesta de una administración como la de Gustavo Petro –que prometió un “cambio” social drástico– se concentre actualmente en una agenda en la cual las estrategias anti-pobreza no gozan de un protagonismo de primera línea. Si bien el cambio climático, la ‘paz total’ y el paquete de reformas tocan algunos aspectos de reducción de la pobreza –en especial el pilar solidario de la iniciativa pensional– la estrategia alrededor de sacar a los colombianos de esta condición no constituye hoy en día la principal preocupación del Gobierno Nacional.

Esas gafas ideologizadas con las que la administración Petro lee la realidad y diseña sus banderas parecen no percibir con claridad las angustias diarias de los hogares alrededor de los ingresos, los alimentos, el alojamiento, los servicios públicos, la inseguridad y el desempleo. Sólo así puede interpretarse una reforma laboral que desatiende la creación de nuevos puestos de trabajo. Más que derrotar al “neoliberalismo” vía apuestas ideologizadas, los colombianos apreciarían un ‘cambio’ alrededor de la lucha contra la pobreza.

FRANCISCO MIRANDA HAMBURGER
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Twitter: @pachomiranda

 

 

 

 

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