Opinión

La Piedad

Jorge Alania Vera
Jorge.alania@gmail.com

Desde Lima, Perú, para LA NACIÓN de Guayaquil, Ecuador

 

 

El más importante premio de fotografía del mundo, el World Press Photo 2024, ha sido obtenido por el artista palestino Mohammed Salem. La fotografía es un arte que refleja la realidad, pero al mismo tiempo su entraña, su otra cara casi siempre oculta y misteriosa. Documento gráfico de un momento, no debe perder nunca su carácter informativo

La piedad es el nombre que el fotógrafo periodístico escogió para su instantánea informativa. La Piedad es una egregia escultura de Miguel Ángel que está en la Iglesia de San Pedro en el Vaticano: la Virgen María tiene- como la madre palestina que Mohammed retrató- a su hijo muerto en sus brazos. El título que Mohammed le puso a su foto es Piedad y narra en forma cabal cómo una instantánea informativa puede ser también arte, pero sin desnaturalizar su carácter documental y periodístico.

La inmortal escultura de Miguel Ángel fue ataca a martillazos por un demente en 1972. El Vaticano se empeñó en su reconstrucción y en ese trance apareció un dato misterioso en sus archivos: una copia exacta de La Piedad había sido enviada varios años antes a la ciudad de Lampa, en Puno por una gestión del entonces senador por ese departamento altoandino Enrique Torres, que logró increíblemente convencer al papa Juan XXIII de enviar una réplica a su pueblo natal. Reconstruir la famosa escultura suponía tener sus medidas exactas y por ello una comisión del Vaticano visitó Lampa, una pequeña ciudad de 15 mil habitantes, conocida en la sierra peruana como la «Ciudad Rosada» por el color de sus antiguas casas de adobe pintadas con chocorosí, una arcilla de color blanco parduzco.

Lo admirable es que el hombre siga luchando y creando belleza en medio de un mundo bárbaro y hostil, escribió Ernesto Sábato. El artista y su cámara. La mujer y sus muertes. En el medio la barbarie de una guerra. Oscar Wilde decía que cada instante que pasa nos arrebata un pedazo de rostro. Palestina se va quedando sin rostro como esa mujer a la que retrató Mohammed Salem que se sobrecoge contra su pecho y que abraza a su niña que es ahora una bolsa de plástico amarrada en sus extremos, la Piedad en un suburbio de Gaza.