Opinión

La persecución de Gertz Manero contra mi familia continúa. Las autoridades deben frenarla.

Alonso Castillo Cuevas es periodista estadounidense.

El 28 de marzo la Suprema Corte de Justicia de México, por unanimidad de sus 11 ministros, dejó en libertad a mi madre, Alejandra Cuevas Morán, quien estuvo recluida 528 días en la cárcel por una denuncia falsa de homicidio por parte del fiscal general de México, Alejandro Gertz Manero. Hoy, no solo mi madre de 69 años sigue en la mira. También nosotros, su familia, quienes hemos peleado para contar al mundo las injusticias que Gertz Manero ha cometido.

Tras enfrentar su acoso durante siete años, hemos entendido que le satisface torturarnos y que la venganza es la gasolina que lo mueve. Hace unos días supimos que el 8 de octubre de 2021 abrió una carpeta de investigación en mi contra en la Unidad especializada en investigación de delitos contra el ambiente y previstos en leyes especiales de la Fiscalía General de la República (FGR), cuyo titular es Alberto Ramos Ramos. Este depende directamente del fiscal de Control Competencial, Juan Ramos López, hombre de confianza de Gertz Manero.

No solo eso: 48 horas después de que se descubrió esta nueva fabricación de delitos, German Castillo, uno de los fiscales encargados de investigar el espionaje mediante el cual se filtraron audios entre Gertz Manero y Ramos López, donde hablan de mantener encarcelada a mi madre, dio una entrevista a Ciro Gómez Leyva. En ella, el funcionario acusó al periodista Mario Maldonado, a la abogada Ninna Rippa —novia de mi hermano Gonzalo—, a mi hermana Ana Paula y a mí por el supuesto delito de dar a conocer esos audios en una acción concertada con quienes hicieron la grabación. Por supuesto, nada más lejos de la verdad.

El poder Judicial no puede seguir prestándose a los abusos de Gertz Manero. Estos ataques en mi contra y de mi familia, o de cualquier otra persona en México, deben terminar. Las acusaciones falsas que está haciendo el fiscal general, junto con los demás funcionarios de su equipo de trabajo, son hechos violatorios de nuestros derechos humanos que vienen después de haber confinado a una mujer inocente por una venganza. Gertz sigue cometiendo infamias terribles y México sigue siendo rehén de este personaje. Es hora de que las autoridades frenen su actuar y reconozcan que la nación está en manos de un transgresor del estado de Derecho, que imputa hechos delictivos falsos, extorsiona —como a mi madre y abuela— y exige confesiones de crímenes inexistentes —como a mis hermanos y a mí—.

Ante la impunidad en México, como ciudadano estadounidense conversé con el secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Alejandro Mayorkas, a quien dejé claro que Gertz Manero transgrede los derechos humanos desde hace largo tiempo. También le expresé mi intención de reunirme con el secretario de Estado, Antony Blinken, y con el fiscal general, Merrick Garland, a quienes cuatro senadores de Estados Unidos les enviaron una carta expresando su preocupación por el uso faccioso que Gertz Manero hace de la Fiscalía General de la República. Entre los casos que mencionan está el de mi familia.

Los representantes estadounidenses deben conocer de viva voz nuestro caso y la información que tenemos de Gertz Manero. También, les solicitaré que consideren la necesidad imperiosa de incluirlo en la lista de la ley Global Magnitsky, mediante la cual el gobierno de Estados Unidos persigue a extranjeros —entre ellos a funcionarios — que consideran infractores de los derechos humanos, al congelar sus activos y prohibirles la entrada a ese país.

Gertz hace y deshace a su antojo, y ha aglutinado tanto poder que tiene a la nación mexicana bajo su control. Pero más allá de la sevicia y apetito incesante por destruir a quien considera inconveniente para sus fines, utilizando para ello a la FGR, evidentemente tiene sometido al Poder Legislativo. Mis hermanos y yo iniciamos un juicio político en contra de Gertz Manero el pasado 7 de diciembre y, a la fecha, solo hemos recibido silencio por parte de los legisladores.

Ya hemos apelado antes la intervención del presidente Andrés Manuel López Obrador, a quien le pedimos de nuevo que escuche a quienes conocen mejor al fiscal general y con ello, quizá, logre dimensionar la desgracia que representa Gertz Manero para su gobierno y para México.

Aunque tras la liberación de mi madre, tanto mí como a mi familia nos regresó la respiración, seguimos con síndrome de estrés postraumático porque nos acostumbramos a vivir secuestrados por la ansiedad. Desde su arresto, yo sentí que me había subido a una montaña rusa que no paraba de subir, pero no podía detener el carro porque tenía una misión urgente: salvar la vida de quien me la dio.

Nosotros sabemos que el fiscal Gertz Manero no parará en su intento por detenernos con acusaciones falsas, pero continuaremos informando sobre su mal actuar y sus ilegalidades. Por ello, hago un llamado a la sociedad para que juntos exijamos la destitución, juicio y, en su caso, encarcelamiento de quien se supone debería velar por el estado de Derecho pero que, por el contrario, representa un riesgo para la sociedad y la seguridad nacional al fabricar delitos y violar derechos humanos.

 

 

The Washington Post