Opinión

LA PAZ CREA ESPERANZAS, PERO LA FÉ MUEVE MONTAÑAS.

Antonio Aguirre Medina/Guayaquil
antonioxaguirre@gmail.com

Leyendo publicaciones referentes a las declaraciones de Monseñor Luis Cabrera, presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana y arzobispo de Guayaquil, como guayaquileño que soy por los cuatro costados y, con la enorme satisfacción de ser un ecuatoriano católico me congratulo por su intervención, así como la de los otros clérigos que lo acompañaron.

Sin la intervención de la Iglesia Católica difícilmente se hubiera llegado a firmar un compromiso de paz debido a la escasa capacidad negociadora de los representantes del Gobierno y la soberbia mezclada con la prepotencia de un grupo minoritario de dirigentes indígenas soliviantados, protegidos y financiados por los propulsores de un futuro narco Estado al que nos quieren llevar en beneficio de sus protervos intereses.

Lo que sí es importante mencionar es que siguen pendientes temas urgentes difíciles de solucionar, que podrían volver a explotar en cualquier momento menos pensado, aprovechando la tregua actual. La ambición de poder político y económico de los supuestos revolucionarios es tan grande que es posible que sigan convulsionado el país y acentúen la delincuencia organizada con el fin de seguir creando pánico y terror en la población para aumentar la desconfianza en las fuerzas del orden, que con todas las deficiencias logísticas y tácticas están cumpliendo con sus tareas como debe de ser.

Ojalá que el presidente ahora sí pise fuerte en tierra firme y empiece a cumplir sus ofertas de campaña sustentadas en el orden fiscal que ya la tiene y más importante es que prescinda de toda la podredumbre correista que lo rodea.