Opinión

La pasión argentina por el fútbol desafía al frío en el fin del mundo

Sebastián Meresman

@Efe

Pese al frío, la nieve y el viento, la pasión por el fútbol lleva a miles de argentinos a disfrutar del deporte nacional en la sureña ciudad de Ushuaia, en la Liga profesional más austral del mundo.

Ushuaia, ubicada en la provincia argentina de Tierra del Fuego, no solo es un centro turístico e industrial, sino también un claro ejemplo de que en Argentina la pasión por el fútbol no tiene límites.

“Hay que jugar con pantalón corto, camiseta y medias, lo normal. Hay que ponerle el pecho a la temperatura. Algunos usan guantes, pero son pocos. La mayoría incluso usa mangas cortas. Para ellos jugar con 5 grados es jugar con una buena temperatura”, explica a Efe Marcelo González, presidente de la Liga Ushuaiense.

La Liga se afilió a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) en 2008 y desde entonces la cantidad de clubes y futbolistas aumentó considerablemente.

“En 2008 teníamos doce equipos y ahora tenemos 23. También hay cinco equipos de fútbol femenino y es muy probable que el año que viene se sumen dos o tres más”, apunta González.

“Los clubes tienen alrededor de 30 o 40 jugadores, o sea que estamos hablando de alrededor de 900 jugadores solo entre Primera A y Primera B. Después tenemos las categorías sub’17, sub’15 y sub’13”, agrega.

Maximiliano Seveca, un futbolista de 32 años que juega en Centro de Galicia, sostiene que “hay que estar bien preparado físicamente para poder afrontar el frío”.

“La temperatura varía, pero generalmente hace menos de 5 grados. Aunque llueva, haga frío o haya granizo se juega igual. Nos tocó una vez jugar con tanta nieve que no podíamos ver la pelota, pero los contrarios tampoco. Es parejo para los dos”, continúa en diálogo con Efe.

Su compañero Dario Parafioriti asegura que está “acostumbrado” a jugar con temperaturas bajo cero y subraya que en Ushuaia hay alrededor de 3.000 futbolistas entre todas las categorías.

“Hay partidos que el arquero (portero) no puede sacar del arco porque le vuelve la pelota por el viento, muchas veces estás obligado a jugar por abajo. Si hay mucho viento no podés salir del área con un pelotazo”, explica Parafioriti.

El torneo se juega de septiembre a mayo, si el clima lo permite, y cuando la cancha está completamente tapada de nieve o congelada se disputa el certamen de fútbol sala.

“Tenemos una cancha municipal de césped sintético de fútbol once, con una sola tribuna con capacidad para alrededor de 400 personas. Hay turistas que se acercan a ver un partido. Van, sacan fotos y la pasan bien. Se comen un choripán y le sacan fotos a los futbolistas que juegan con nieve”, añade González.

El directivo explica que durante los partidos “solo se ven las líneas” y que “lo común es jugar con cinco centímetros de nieve”.

Seveca puntualiza que “va mucha gente a ver los partidos pero lo hacen desde adentro de los autos” porque “afuera es imposible”.

“Si estás 90 minutos viendo el partido al aire libre la pasás mal, es imposible. Queremos que le pongan techo a la tribuna, no es lo mismo jugar sin el aliento de la gente”, concluye.

El frío, la nieve y el viento son los principales inconvenientes contra los que luchan los futbolistas, pero no son los únicos.

Con una sola cancha, los clubes están obligados a turnarse y cada equipo apenas puede entrenar una hora por semana.

Además, la falta de patrocinadores hace que solventar los gastos, realizar los fichajes y comprar los botines y la indumentaria sea casi tan engorroso como jugar con cinco centímetros de nieve.

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