Opinión

La palabra que somos

Jorge Alania Vera
Jorge.alania@gmail.com

Desde Lima, Perú, para LA NACIÓN de Guayaquil, Ecuador

 

George Lacán, el gran psicoanalista francés, señala que es una palabra la que nos identifica y encontrarla equivale a descubrir quiénes somos. Los cabalistas dijeron lo mismo hace cientos de años. Borges, uno de sus cultores e intérpretes modernos, lo cuenta así en uno de sus más hermosos poemas: “Adán y las estrellas lo supieron/ en el Jardín. La herrumbre del pecado/ (dicen los cabalistas) lo ha borrado/ y las generaciones lo perdieron.” Se refería, por cierto, a nuestro propio nombre y al nombre de Dios.

Por eso, dice Borges: “Hecho de consonantes y vocales/ habrá un terrible Nombre, que la esencia/ cifre de Dios y que la Omnipotencia / guarde en letras y sílabas cabales.” Judá León , un erudito del siglo XVI que compiló las últimas palabra de la Torá oral, versión hablada del libro de los libros de la religión judía, tuvo esa increíble revelación: “Sediento de saber lo que Dios sabe,/ Judá León se dio a permutaciones/ de letras y a complejas variaciones/ y al fin pronunció el Nombre que es la Clave…/ sobre un muñeco que con torpes manos/ labró para enseñarle los arcanos / de las Letras, el Tiempo y el Espacio.”

La historia sigue y suena como un cuento que hemos escuchado en el colegio: “Gradualmente se vio (como nosotros)/ aprisionado en esta red sonora/ de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,/ Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros…./ (El cabalista que ofició de numen/ a la vasta criatura apodó Golem…Tal vez hubo un error en la grafía/ o en la articulación del Sacro Nombre;/ a pesar de tan alta hechicería,/ no aprendió a hablar el aprendiz de hombre.” Y finalmente la reflexión hondamente borgiana: “En la hora de angustia y de luz vaga,/ en su Golem los ojos detenía./
¿Quién nos dirá las cosas que sentía/ Dios, al mirar a su rabino en Praga?”

Somos una palabra y un rasgo que están en nuestro inconsciente como los mitos y los sueños. No lo sabemos y lo más seguro es que no lo sabremos nunca. Pero aún en nuestra ignorancia los buscamos instintivamente en aquellos que amamos. Allí, en ellos, están esa palabra y ese rasgo que no podemos nombrar ni traducir. Ojalá que de alguna manera nos lo devuelvan en la hora de la muerte.

La Cábala le fue dada al hombre junto con la creación misma, ya que el universo fue creado mediante la palabra, según la milenaria tradición de los cabalistas. Hágase la luz y la luz fue hecha se lee en el principio del Génesis y de la Torá. Somos el barro que Dios sopló después y desde entonces deambulamos por el jardín del Edén ultrajados por la muerte, tratando de que el amor nos justifique y nos revele la palabra y el rasgo que somos y seremos para siempre.