Opinión

La «oscuridad» de los iluminados

Pablo Chiriboga Núñez

 

 

Lo de CNEL no es un cortocircuito, es un festival de la viveza con entrada libre para los de siempre. Mientras usted desenchufa hasta el cargador del celular para que la planilla no le llegue como si tuviera una fundidora de metales en la cocina, existe una selecta cofradía de sinvergüenzas, que tiene el «botón de Dios»: un clic, una coima, y ¡abracadabra!, la deuda desaparece. Es la magia de la corrupción criolla en su máxima expresión.

Es para alquilar balcón la gimnasia moral de estos personajes. En los clubes o reuniones privadas o corporativas, son los sumilleres de la ética y gritan a viva voz su honestidad, pero en sus casas el medidor está más «tuneado» que carro de carreras para robar luz y agua. Y no nos olvidemos de los «ilustres» empresarios de maletín y galpón; esos que dan charlas sobre competitividad mientras sus empresas operan con conexiones clandestinas y deudas «licuadas» bajo la mesa. Resulta que el secreto de su éxito empresarial no era la innovación, sino el robo técnico compartido.

Lo más cómico es su excusa estrella para no pagar impuestos: dicen con una indignación digna de un Oscar que no lo hacen para «no mantener a los burócratas». Es una joya del humor negro ver a estos «patriotas» evadir cada centavo y robarse los servicios básicos, mientras viven de fábulas de éxito que no aguantan una auditoría básica.

Fiscalía, ya basta de suspenso. El país no quiere un tráiler, quiere la película completa con el listado interminable, de los coimadores, de las empresas «engrasadas» y de esos «honorables» que tienen el cuello muy blanco pero el historial más oscuro que un apagón en media noche. Queremos ver los nombres de esos ciudadanos y gerentes ejemplares que se ofenden si les pides el RUC, pero que son los primeros en la fila para succionar los servicios que pagamos todos los demás.

Si la lista no sale a la luz, seguiremos siendo el país donde el honesto es el «tonto» que hace fila en la ventanilla y el sinvergüenza, es el «genio» que se ríe de todos desde su mansión con luz robada. ¡Basta de cuentos! Que publiquen los nombres, aunque sea para saber a quién no invitar a la parrillada, porque de seguro se llevan hasta las servilletas sin pagar el IVA.
¡Que se les apague la fiesta, que la oscuridad ya la tienen en la conciencia!