Ciencia

La odisea de conseguir un termómetro en la Cuba desabastecida

Los cubanos sueñan con que el deshielo entre la dictadura y Estados Unidos acabe con sus penurias.

CUBA. El régimen castrista reconoció que escasean productos básicos de primera necesidad para la salud, pero por el momento no tiene soluciones. Ni siquiera el mercado negro disimula las urgencias

El sitio 14 y medio describió las peripecias que sufren quienes en La Habana pretenden conseguir un elemento tan básico, necesario y común como un termómetro. “Preguntar en las farmacias (…) asemeja a indagar por un objeto llegado del espacio exterior”, explica el medio disidente en la nota.

“Hace años que aquí no tenemos eso”, es la respuesta que reciben los compradores de los dueños de las farmacias en las que intentan conseguir el producto. El gobierno cubano, a través de la televisión, ha aceptado que la escasez de medicinas es una realidad inocultable.

No solo los termómetros están ausentes de los aparadores. Bárbara Olivera es jefa del Departamento de Operaciones de BioCubaFarma y ha reconocido que del llamado “cuadro básico de salud”, unas 60 medicinas están en falta. Esto incluye drogas para combatir el cáncer, a causa de “los atrasos productivos acumulados desde el año 2014”, según el medio citado.

Los proveedores extranjeros dejaron de enviar materias primas a Cuba y el gobierno desvió recursos. Los termómetros son un caso testigo: se importaban desde China porque en Cuba no se fabrican y eran de mercurio, un tipo que está prohibido en la mayor parte de Europa desde 2007.

La falta de oferta de cintas adhesivas (curitas), vendas elásticas, gasas y otros productos de consumo masivo ya es una costumbre tristemente asumida por el pueblo isleño. Los que tienen algo de suerte reciben donaciones del exterior para paliar la cuestión.

“En casa, hace un par de años, tuvimos uno que nos mandó una prima del Norte, pero estaba en grados Fahrenheit”, explica Lourdes, una cubana de 51 años que ha vivido toda su existencia bajo el régimen castrista.

“Nunca aprendimos a convertir en grados Celsius pero sabíamos que, si pasaba de 100 grados, ya era fiebre. Ahora no hemos podido usarlo más por falta de baterías”, se lamenta.

La escasez no solamente afecta a quienes tienen los infravalorados pesos cubanos, sino que los negocios que solamente entregan productos a quienes llegan con dinero convertible a dólares, los valiosos CUC (el peso convertible a dólar uno a uno), tampoco tienen productos. Y cuando llega una partida, sale entre 6 y 10 dólares/CUC.

Por lo tanto, a los turistas que tienen la mala suerte de tener una fiebre en plenas vacaciones isleñas sus dólares no les abrirán las puertas para acceder a los paliativos comunes en estos casos. “Mucha restauración, pero pocas medicinas”, se quejan las voces que entran en los locales del casco histórico de La Habana y asumen que el precio de un simple antiácido es inalcanzable.

Por supuesto, este tipo de situaciones fomenta el mercado negro, motorizado por la necesidad del pueblo y las ventajas que los oscuros beneficiarios del régimen castrista utilizan para hacerse de mercadería de primera necesidad importada y en cantidades.

Pero ya ni siquiera en esas “bolsas negras” se pueden hallar los termómetros. Para muchos, solamente queda esperar que la tan mencionada apertura hacia los Estados Unidos cambie sus vidas de una vez por todas. Mientras tanto, ajustan la sensibilidad de la palma de sus manos cada vez que la ponen en la frente de los niños que crecen en la isla. (INFOBAE)