Opinión

La obsesión de Maiakovsky

Jorge Alania Vera

Jorge.alania@gmail.com

Desde Lima, Perú, para LA NACIÓN de Guayaquil, Ecuador.

 

 

Tenía una obsesión enfermiza con la vejez y, probablemente, un trastorno de la personalidad que en ese entonces no se conocía. Varias veces intentó suicidarse porque se sentía, además de un fracasado, un hombre viejo… y apenas iba a cumplir 37 años.

Dos días antes de darse muerte escribió en un verso: la barca del amor se estrelló contra la vida cotidiana. El miedo que está adentro y que el atardecer revela en la cubierta. La quilla que está rota y que ningún delirio puede reconstruir en la memoria. El silencio del mar que sólo han escuchado las sirenas. Las sirenas varadas por un sueño. Las olas que revientan contra el viento que revienta contra toda esperanza. El canto de las aves migratorias. Los despojos que flotan. Ese rumor que es una epifanía. La sensación de que algo inmarcesible se va a pique. Las estrellas que faltan. Los restos de la barca y de la vida. Dyedushka Vodyanoy, el Abuelo del agua, es también el guardián de los naufragios. Padre de los ahogados, los acoge y los lleva hacia su oscuridad, hacia su nada. Señor del mar y de los ríos, cuida su reino disfrazado de nube. Viejo demiurgo de barba azul, ¿en dónde estabas a la hora en que Volodia cayó de la cubierta? ¿Dónde ocultaste la tabla que lo pudo salvar? Su barca era la barca del amor y sin embargo la dejaste estrellar contra la noche. No Vladimir Vladimirovich, no Abuelo del agua, el 14 de abril de 1930 no hubo ningún naufragio en el Moscova. El naufragio fue antes en el alma. El choque es sólo un símbolo de lo que ya pasó, de lo que sólo termina de pasar en ese caso. Como Ana Karenina frente a las ruedas de un tren. Como Esenin frente a

los campos de centeno. La vida que hace agua. El dolor inefable e inasible. Los traumas de la infancia. La ausencia de los dioses en el cielo. Sólo un barco que encalla y un estruendo. Y una boya que flota. Y una memoria que ya se hundió con todo lo vivido.Conciencia del naufragio y la agonía nos descubre el misterio: el diluvio ha empezado, pero dónde está la barca de Noé…

El poeta ruso Vladimir Maiakovsky se quitó la vida el 14 de abril de 1930 de un disparo en el corazón.