Opinión

La nueva derrota de AMLO

Jorge Gallardo Moscoso/Guayaquil

Públicamente ha dicho que no buscará la reelección, que se retira de la vida pública y política. Sin embargo, sus actos ponen en duda sus afirmaciones.

Andrés Manuel López Obrador (AMLO, como lo conocen y gusta que lo llamen), el presidente mexicano, es un incondicional aliado de Maduro, Correa, Morales, Ortega, Kirchner y Díaz Canel/los Castro, cuyos mandatos en sus países han sido (y siguen siendo en algunos casos) marcados por inconstitucionales, dictatoriales y totalitarios, mucho apetito por el poder y descarada corrupción. Lo será, también, con Boric y con Petro, si gana. En él la ideología es más importante que los comportamientos.

Constitucionalmente facultado, pero sin justificación valedera, AMLO –poniendo en sospecha sus verdaderas intenciones-, consultó a sus compatriotas si continuaba en el cargo presidencial. No hacía falta gastar una cuantiosa suma de dinero, pero, populista y manipulador como es, tal cual son sus aliados, consiguió que se realizara el proceso comicial. Los resultados, no obstante, fueron magros para él. El voto es opcional en México, el padrón registra casi 94 millones de votantes, a las urnas sólo acudió el 18% (17’740.000), ganó con el 92% (16’000.000 más o menos), el 7% votó en contra y el 1% fue de nulos y blancos. Entonces, fue un triunfo rotundo. No. Cuando fue elegido en 2018 obtuvo 30 millones de votos. Ahora, la mitad de sus electores no se presentó.

En 2021 le sucedió algo parecido. Consultó para “investigar y juzgar” a los 5 presidentes anteriores de su mandato. Sólo el 8% del registro acudió a las urnas y de este porcentaje el 90% le dijo que sí. Sin embargo, en esta y la otra consulta el resultado no es vinculante (para serlo ser requiere el 40% de votos positivos). ¿Ganó o perdió? Sin duda, fue una gran derrota.

De cualquier forma, hay que estar pendientes de sus movimientos y de sus tramposas consultas ya que, “con esta gente”, de la misma calaña de todos los siglos veinteneros, el peligro de quedarse en el poder eternamente, es inminente.