Opinión

La niña y el arco de flechas

María Cristina Menéndez Neale

Cristimenendez85@gmail.com

@CristiMenendezN

Un niño de unos nueve años aparece corriendo entre el lodo y las hierbas de un terreno vacío que pertenece al parque de diversiones donde está el estadio del rodeo. El niño resbala en un charco, pero se levanta enseguida y corre un par de metros más donde da la media vuelta y se queda estático, viendo fijamente a una niña unos años mayor a él; una niña que lleva unos shorts, unas botas de cuero cafés, una blusa de cuadros y un sombrero de cowboy. La niña camina lentamente hacia él, y entre sus manos lleva un arco de flechas mediano.

La niña apunta la flecha en el arco en dirección al niño, que parece ser su hermano. Él cierra los ojos, y se agacha un par de veces como esquivando la flecha que todavía no ha sido disparada, y que no llega a ser disparada. La niña se ríe y baja el arco y la flecha. El chiquitín se ríe, aunque la expresión de su cara refleja miedo.

Los dos se sientan sobre el piso de tierra, a unos dos metros de mi lado izquierdo. Yo estoy parada, y llevo veinte minutos esperando al taxi, el cual llegará en veinte minutos más, ya que éste viene de la ciudad, y cuando llamé el tiempo estimado en que me recogería sería en cuarenta minutos.

Durante mi espera, unos siete jóvenes se han ido. Digamos que este terreno, es el lugar de espera para las personas a quienes las vienen a recoger. El lugar es oscuro y no hay donde sentarse, solo el piso de tierra o con lodo, o hierbas enlodadas.

Soy la única adulta en este lugar de espera; sólo jóvenes han pasado por mi lado y de una se trepan al carro de alguno de sus padres que llegan al mismo tiempo que los chicos se aproximan; están coordinados. Solo dos no se han ido enseguida, y esos son el niño asustado y la hermana con el arco y las flechas. Me pregunto si esas flechas son reales… Bah, seguro son de plástico, pero hay algo en la actitud de la chica y en el rostro de su hermano que me hace dudar… Capaz el ambiente oscuro y frío del lugar de espera tampoco ayuda a mis pensamientos y dudas.

El niño está sentado y la hermana está sentada detrás de él, apuntándole una flecha, y él implorándole que lo deje tranquilo, pero se lo implora con risas, con risas nerviosas. Como si la flecha si fuera real, pero por ser el hermano no le va a disparar pero con todo se asegura por si acaso.

Mejor dejo de pensar en ello un rato. Ojalá llegue pronto el taxi, que llegue antes de tiempo…El rodeo estuvo entretenido. Fue la primera vez que vine. Lo malo es que llegué tarde, apenas alcancé a ver la última media hora, pero después de llevar treinta y cinco minutos metida en un taxi para venir, no iba a permitirme no disfrutar de lo que sea que quedaba. Compré igual mi entrada y asistí media hora de rodeo, y luego una hora de concierto de música country que fue exactamente en el mismo lugar por donde saltaron los toros tumbando contra el aire y el suelo a los cowboys que apenas duraban segundos sobre estos animales. El record máximo que vi hoy fue de siete segundos.

Frente a mí, hay un jeep con dos chicos que ya llevan el mismo tiempo que yo esperando a que salga quien sea que vienen a buscar… No sé por qué me imagino que es una chica adolescente a la que buscan, y el que está en el volante del carro sería su hermano, quien cada cierto tiempo coloca su celular a su oído pero no lo veo hablar; como si estuviera llamando pero no le responden las llamadas.

La niña del arco se levanta y apunta una flecha cerca de mí, a una pareja de adolescentes que están caminando a mi lado, pero ellos no se percatan de ella. ¿Será que esas flechas son reales y de verdad les va a disparar?

Mejor la ignoro, no creo que pase nada, estoy con una paranoia injustificada, ¿o no? Uff…El hermano la empuja, haciéndola caer al suelo, ella ríe y vuelve a apuntar la flecha a la espalda de éste, haciendo que tenga de nuevo su risa nerviosa. No creo que al pelado le pase nada, y al menos la pareja se va a salvo a casa.

La pareja suelta sus manos cuyos dedos estaban enlazados y la chica le da un beso rápido y tímido a la mejilla del chico. Cada uno se trepa a una camioneta diferente. El padre fue a buscar al chico, y padre y madre a la chica. Cuando el carro del chico está girando para salir queda de frente con el de la chica y hace un gesto con su mano, saludando a los padres de la chica. El gesto es rápido, me hace pensar que es la primera vez que se conocen los padres; primera vez que se conocen de vista. Qué nostalgia, esta escena me trae recuerdos de cuando estaba en el colegio y mis padres me recogían a las fiestas, o al cine donde iba con algunas amigas y nos encontrábamos con amigos, cada uno gustando de alguna de nosotras.

Faltan cinco minutos para que supuestamente llegue el taxi, pero tengo miedo que éste se haya olvidado o simplemente no haya decidido venir porque el lugar es lejos de la ciudad.

–Buenas noches, Radio Taxi –me contesta la operadora de taxi.

–Hola. Mi nombre es Fiorella. Yo llamé hace casi cuarenta minutos para que me envíen un taxi. Quería saber si ya está cerca…

–¿Cuál es su apellido?

–Mendoza

–¿Mendoza? Espere… Ah sí, ya está en camino, pero está retrasado por diez minutos más.

–Ok, pero que no se retrase más por favor, que ya se está haciendo tarde y hace frío.

Tarde… ¿qué hacen esos niños a esta hora aquí? La niña tendrá unos doce años y el hermano es menor. ¿O será que pertenecen alguna de las familias de las casas rodantes que están aparcadas más allá, más cerca de los juegos de la feria?

Nunca me imaginé que dentro de la feria de juegos habría un estadio de rodeo, y al rededor de toda la feria habrían estas casas rodantes de las personas que traen a sus toros y otros animales para el concurso de exhibición. Aquí también hacen un concurso donde exhiben la raza de sus animales. Apenas llegué a la feria, vi cuando entraba una camioneta gigante negra que jalaba un carro largo negro con algunos chanchos.

Y justo detrás del rodeo había un granero con diferentes animales, entre esos caballos, chanchos, vacas, cabras, ovejas, gallinas. Cada animal en su jaula y con un letrero donde indicaba de dónde era originaria su raza.

Después que recorrí el granero, fui a darme una vuelta rápida por los juegos de diversiones. Entre las atracciones me llamó la atención uno en concreto, cuyo letrero decía “El caballo más pequeño del mundo”. Varios niños y algunos adultos estaban haciendo fila para verlo. Me llamó la atención como cada persona que se acercaba a la cerca no sólo miraba hacia abajo sino que asomaba su cabeza y parte de su cuerpo hacia abajo para ver bien a la miniatura de caballo que parecía ser.

Decidí comprar las fichas y hacer la fila. Cuando llegó mi turno, di las fichas al guardia del stand y subí unos escalones que me dirigían a la cerca. Cuando llegué a ésta, me asomé y caí en cuenta que dentro de la cerca había un hueco muy profundo, y dentro de éste estaba el caballo que de alguna forma sí, sí es el más pequeño… y justo lo acababa de ver en el granero; era un Shetland.

El letrero no mintió, es el caballo más pequeño… genial. Tan sólo lo acababa de ver gratis unos minutos atrás antes de pasear por los juegos. En fin… Una pareja de adultos, los primeros que veo que vienen a esperar a que los recojan. La mujer está embarazada, el novio la tiene abrazada, y se han ubicado entre la niña con el arco y las flechas y yo.

Y los chicos del jeep siguen esperando… pero esta vez fuera del carro. Están apoyados a la parte delantera del carro fumando un cigarrillo. Pobre, hacer el favor de recoger a la hermana y que lo haga esperar.

La niña está observando fijamente la barriga de la señora, pero no está apuntando ninguna flecha, y ojalá no lo haga. Ahora está saliendo un chico mas o menos de la edad de la niña. El chico está comiendo un sánduche grande, y parece que está complicado comerlo ya que se le están regando algunos pepinillos de éste y sus manos y boca están embarradas de alguna salsa. Ahora el sánduche se le cae y el niño echa a correr hacia un baño portátil que está en la entrada del lugar de espera. ¿pero qué le pa… El sánduche tiene una flecha atravesada. La niña y su hermano se están riendo. La mujer embarazada y su novio no parecen inmutarse, están leyendo algo en el celular del novio.

Ok, tengo que calmarme… no puede ser real… una flecha de plástico sí puede atravesar un pan, o pasar entre la carne y el pan, aunque ésta sí está atravesada en todo el sánduche. ¡Bah! Si la pareja de embarazados están tranquilos, entonces yo también estaré tranquila.

El jeep de al frente ya no está. Supongo que ya salió la hermana o quien sea que era. Hubiera querido saber si había adivinado o no…

Ahí llega un carro que parece ser blanco, parece ser mi taxi… no… no es. Ese carro ha sido gris y viene a recoger a la pareja de embarazados. Y ahí llega un carro rojo, obvio no es mi taxi. El carro está pitando repetidas veces la bocina. La puerta del baño portátil se abre un poco y de ahí asoma la cabeza del niño del sánduche, quien abre bien lo ojos y corre hacia el auto que está a unos metros de mí. La niña se ríe mientras que su hermano se rasca los ojos, parece tener sueño.

Por la carretera veo pasar algunos carros blancos, pero ninguno entra acá, ninguno es mi taxi, y la niña ahora ha puesto su atención en mí. Cruzamos la mirada, y cruzamos porque yo la miro y la quito enseguida de la suya para enfocarla en el guardia que está en la entrada del lugar de espera, quien tiene su mirada perdida hacia el baño portátil; capaz necesite usarlo.

Por fin llega, ¡por fin llega mi taxi! Vamos, acércate rápido. La niña y su hermano me observan y esta vez fijo mi mirada en la de ella y me siento tranquila porque me estoy subiendo al taxi, el cual me llevará de regreso al hotel.

Sentada, volteo mi cabeza para verlos y veo que el niño empieza a correr y la niña le dispara una flecha. El niño cae. La flecha la tiene clavada en su espalda, por el nivel del coxis. ¿Será que si era real? ¡El niño no parece responder!, sigue tendido en el suelo. La niña ríe, y el guardia está corriendo hacia él. Abro la puerta, haciendo que el señor del taxi pare el auto. No sé si bajarme…el guardia está sacando la flecha sin ningún problema, y el niño levanta la cabeza y está riéndose, pero está vez su risa no es nerviosa.

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