Opinión

La mujer del César

Jorge Gallardo Moscoso/Guayaquil

Hay silencios muy necesarios y arrojan excelentes resultados, pero, también, hay silencios que producen un ruido estruendoso. De allí que lo verdaderamente trascendente es ser acertados en el momento de utilizarlos. Lo que sucede alrededor de la denuncia sobre las autorizaciones, permisos y registros otorgados a una empresa cuya accionista principal es la esposa del presidente Daniel Noboa para desarrollar un proyecto inmobiliario en Olón, nos deja la sensación de que los principales implicados en el hecho, al no responder oportuna y directamente, provocaron un escándalo de proporciones mayores.

Considerando que la acusación alcanza, también, a otros funcionarios como son los ministros de Ambiente, Obras Públicas e Interior, era imprescindible, entiendo yo, que se produjeran respuestas inmediatas. Lo que hagan o dejen de hacer tanto el presidente de la República como sus secretarios de gobierno, en asuntos relacionados con las funciones que son de su competencia, es de obligatorio conocimiento público. Y, aunque legalmente los asuntos privados no tengan ese mismo carácter obligatorio, aquí y en toda la tierra, se sabe que aquellos, gran parte de las veces, por los más diferentes motivos, se terminan ventilando públicamente.

La denuncia de comuneros y organizaciones ambientalistas la conoció el país el 7 de mayo y el 11 de este mismo mes Vinazin, la empresa de la cónyuge del primer mandatario, responde comunicando la suspensión de labores y el desistimiento de continuar el resto de los trabajos porque no “puede permitir que se use la empresa con el fin de caótizar el sector y como bandera de intereses políticos”, aunque “jamás se tocó un manglar, cuenta con los permisos ambientales, inventario forestal y registros necesarios conforme a la ley”, y, además, generaría empleo para unas 2.780 personas del lugar, más el desarrollo turístico del balneario. La resolución adoptada, que parece correcta, aunque tardía, sin embargo, no disipa dudas sobre el conflicto de intereses, la influencia del poder, el respeto ambiental, etcétera, debido fundamentalmente al silencio de los que tienen la obligación de hablar.

“La mujer del César no solo debe ser honrada, sino además parecerlo”, recuerdan que dijo el emperador Cayo Julio César al justificar su decisión de divorciarse de Pompeya, quien había asistido, no participado, en una orgía llamada Saturniana y que la hacía la aristocracia romana. En el caso que nos ocupa podría ser que no haya nada ilegal, no obstante, la delicadeza en el manejo del poder público debe ser inmaculado. El silencio prolongado de los señalados en el caso Olón y otros pueden convertirse en autogoles fatales para el presidente Noboa y su gobierno. El tiempo, más pronto que tarde, dará la respuesta.