Opinión

CA?mo la muerte de un agricultor de espA?rragos en Holanda impulsA? la creaciA?n de una innovadora tecnologA�a robA?tica

Hay pocos trabajos hoy dA�a que los robots no sean capaces hacer, incluso aquellos mA?s delicados, como recolectar espA?rragos silvestres o plantar semillas.

En muchas ocasiones son necesarios porque los humanos no pueden -o no quieren- hacer esas labores.

Ese era el problema que tenA�a Marc Vermeer. Le estaba resultando difA�cil encontrar personas para recolectar su cosecha de espA?rragos blancos en los PaA�ses Bajos.

Los empleados que contrataba lo dejaban rA?pidamente, asA� queA�siempre estaba entrenando a gente nueva.

Los espA?rragos blancos necesitan ser arrancados en un momento particular, cuando todavA�a estA?n bajo la tierra, o de lo contrario se vuelven verdes.

A menudo resulta complicado controlarlos y pueden daA�arse fA?cilmente.

AsA� que en el aA�o 2.000, harto de esta situaciA?n, Marc decidiA? proponerle un reto a Ad, su hermano inventor: que crearaA�un robot capaz de reemplazar a los humanosA�en esta tarea.

El dA�a de la tragedia

Pero un dA�a despuA�s de celebrar la incorporaciA?n legal de la empresa el 11 de diciembre de 2014, ocurriA? una tragedia.

Marc, de 51 aA�os y padre de tres hijos, contrajo repentinamente meningitis. Estuvo varios dA�as en coma inducido.

“Una de las primeras cosas que su mujer, Anita, nos dijo cuando Marc saliA? del coma fue queA�A�l hablaba constantemente sobre la mA?quina“, dice Van Vinken.

Pero Marc nunca viviA? para ver al robot trabajando en su campo. SufriA? una hemorragia cerebral tras dejar la unidad de cuidados intensivos y muriA? 10 minutos mA?s tarde.

En estado de shock y sin tener ni idea sobre el aspecto agrA�cola del negocio, Therese y Ad pensaron en darse por vencidos.

“Sobre todo al principio hubo muchos momentos en que pensA�: ‘OlvidA�monos, no hay manera'”, recuerda Van Vinken.

Pero despuA�s de haber gastado cientos de miles de euros en subsidios,A�sabA�an que debA�an seguir adelante.

Y la muerte de Marc fue un aliciente importante.

Una revoluciA?n

Hoy dA�a ya han vendido su primera mA?quina comercial a un granjero en Francia. La versiA?n de tres hileras es capaz de reemplazar a entre 70 y 80 recolectores.

“Es la primera cosechadora selectiva que existe en el mercado”, dice Ad Vermeer.

“Estoy segura de que serA? la primera de un nuevo tipo de mA?quinas y habrA? muchas mA?s mA?quinas de de recolecciA?n selectiva en el futuro.

Para “ver” los espA?rragos, el robotA�inyecta una seA�al elA�ctricaA�en la tierra. Los sensores cavan a travA�s del suelo y captan la seA�al a medida que se acercan a los espA?rragos.

“Los espA?rragos, de hecho, conducen la seA�al elA�ctrica porque hay mucha agua allA�”, explica.

“BA?sicamente, la diferencia entre el agua que contienen los espA?rragos y la que tiene la arena hace que podamos detectarlos”.

El robot de Cerescon es una de las mA?quinas que se estA?n desarrollando en el mundo paraA�reemplazar los trabajos mA?s delicados de los agricultores.

“Con el paso de los aA�os,A�estamos viendo muchas tareas que son asumidas por los robots“, dice Rick van de Zedde, de la Universidad de Wageningen, en los PaA�ses Bajos, donde estA?n desarrollando soluciones automatizadas para trabajos en el sector del suministro de frutas y verduras.

“Si nos fijamos en la manera en que se desarrolla la producciA?n agroalimentaria actual, vemos que hay escasez de mano de obra, pero tambiA�n faltan de personas motivadas o capacitadas”, dice Van de Zedde.

(BBC/La NaciA?n)*