LA MORLAQUÍA CUENCANA
Ermel Aguirre/Guayaquil
El término morlaco se asocia hoy a los habitantes de la ciudad de Cuenca.
Sin embargo, su uso no se originó allí, sino en Quito, desde donde se extendió como una designación externa que, con el tiempo, fue adoptada por los propios cuencanos.
Aunque actualmente posee un sentido identitario e incluso orgulloso, su origen es mucho más antiguo y distante.
La palabra morlaco proviene de Europa, específicamente de la región de Venecia, en Italia, y zonas cercanas a la actual Croacia.
Hace aproximadamente 900 años, los venecianos utilizaban el término morlacchi para referirse a poblaciones rurales de origen croata, conocidas como Vlach o Morlacchi.
Este nombre se relaciona con expresiones como mauro (oscuro), en alusión a la apariencia o vestimenta de estos grupos.
Con el tiempo, el término adquirió un carácter descriptivo hacia comunidades campesinas de esa región.
Posteriormente, durante la expansión española, la palabra llegó a América, particularmente a la Real Audiencia de Quito, influenciada por la fuerte presencia española en territorios italianos como Nápoles.
Así, el vocablo se incorporó al habla colonial y evolucionó en su significado hasta aplicarse, de manera particular, a los cuencanos.
En la actualidad, morlaco ha perdido su connotación original y es asumido con orgullo por los habitantes de Cuenca como parte de su identidad cultural.
De manera similar, en Ecuador existen otros apelativos regionales como: “cañaris” (Cañar), “pastusos” (Tulcán), “guaytambos” (Ambato), “chazos” (zonas rurales del austro, lojanos, zamoranos, orenses), “montuvios” (pueblos del litoral), “serranos” (Sierra), “jíbaros” (Oriente), “colorados” (Santo Domingo) o “galapagueños” (insulares).
Aunque algunos de estos términos pudieron tener matices peyorativos en su origen, hoy reflejan la diversidad cultural del país y la identidad propia de sus habitantes.
