Opinión

La moda de la sencillez

Jorge Alania Vera
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Desde Lima, Perú, para LA NACIÓN de Guayaquil, Ecuador.

 

En los últimos meses en las pasarelas de la moda en Nueva York, París y Sao Paulo, han desfilado modelos con una característica común: las uñas recortadas y sin ningún esmalte ni esculpidas, gel acrílico o apliques. Nada de nada.

Podría haber varias razones para el cambio. Dicen algunos que puede ser la recesión mundial pero todos sabemos que siempre hay dinero para eso. Hay otros que sostienen que se trata de una señal de “status” con la cual una parte que la sociedad se distingue “de las otras”. Hay también quienes ven esta moda como un desprecio a tradiciones negras y asiáticas en las cuales el pintado de las uñas tiene carácter ancestral.

La moda siempre será un tema de consenso y de disenso. Marco Aurelio Denegri sostenía, por ejemplo, que los tatuajes son una práctica milenaria “de los de abajo” en alusión- decía él- al título de un libro del mismo nombre del escritor mexicano Mariano Azuela. Lo cierto es que las modas cambian y las gentes cambian con ellas. De todo hay para hombres y mujeres en modelos de pantalones, vestidos, trajes, zapatos, carteras, peinados etc.etc. Y la moda rebasa y por mucho la vestimenta. La tenemos en los usos y costumbres, en las fiestas, en los paseos, en las mascotas y etc. etc también.

La sencillez es más que una virtud. Decía Lao Tze que nuestros mayores tesoros son la simplicidad, la paciencia y la compasión. Cualquiera de nosotros ha podido o puede experimentar por sí mismo que, como advertía Hemingway, la persona que ha empezado a vivir seriamente por dentro, empieza a vivir más sencillamente por fuera.

Nadie nos pide que lleguemos al extremo del santo de Asís que necesitaba pocas cosas y lo poco que necesitaba lo necesitaba poco, pero no hay duda de que la sencillez educa, persuade, regenera. No busquemos a toda costa ser originales pero tengamos siempre presente que original es aquello que vuelve a la simplicidad de las primeras soluciones, como decía el gran arquitecto de la catedral de Barcelona, Antoni Gaudí.

Recuerdo mi epígrafe por esa modelito del Brasil que terminó muerta en un hospital de Sao Paulo sin fotógrafos ni luces, por seguir una estricta dieta de manzanas y tomates para mantener la línea. La moda le hizo creer que sin las pasarelas no era nada (y de repente no lo era en este mundo de pasarelas y de torres). Se pesaba cada dos minutos durante los ensayos. Se miraba cada vez que podía en el enorme espejo de su casa. Y así, en un abrir y cerrar de ojos, se convirtió en un fantasma: 1.74 de estatura y 40 kilos de peso. Adiós modelito del Brasil, que en paz descanses.