Opinión

La mínima amenaza y las máximas promesas

Gonzalo Escobar Villavicencio

Gonzalo_escobar7@hotmail.com

Haré un recuento de dos temas.

Primero: la mínima amenaza y la máxima reacción.

Se viene una fiesta mediática, un carnaval; y por lo que todos los dioses quieran, uno judicial también. Bastó con que el infame Carlos Pe Ye (esa ley de comunicación…) dé una mínima y vaga acusación contra los funcionarios del gobierno y la intrigante novela de mafia petrolera que permea a esta administración, para que estos hagan un meeting, respondan por todos los medios de comunicación, hagan cadena nacional, muevan tropas, saquen garras, preparen a su ejército de patriotas de ultratumba con más ahínco, segurísimo… ¡Todo! ¡De todo! Con la mínima amenaza saltaron olímpicamente, frenéticamente.

Pero si el pobre hombre (obvio, solo en sentido figurativo y moral, no literal) no presentó un solo documento. Se quejó de por qué no le dan el mismo trato a los otros involucrados. No dijo nada contundente, aunque claro, promete mostrar todo pronto, se promete que toda la verdad no llegará pronto. Pero hasta ahora no ha pasado nada, solo la vista previa de la película. Y los malos de la película ya la quieren censurar… por algo ha de ser que tiene tanto miedo, tanta rabia. Pero si todos ya lo sabemos, igual, solo que no con prueba escrita. Ya se declararon culpables. Giles.

Segundo: las máximas propuestas, el segundo debate político.

Ahora sí son 8. Esa octava maravilla mundial tenía que salir a defender lo indefendible; que estoico, que patriota, que héroe… como esos centenarios que votaran por la continuidad.

Pero vamos de una a lo que yo veo como resumen de cada personaje.

El Sr. Lasso no estuvo en su mejor noche esta vez, empezó muy pasivo. A medida que avanzó el debate, fue cogiendo más energía, más seguridad en su discurso; sin embargo, aunque esté muy preparado, y sea muy capaz, eso del millón de empleos, y hablar tan enfocado en ello pierde efecto, se desgasta, porque no se siente tan real.

El Sr. Bucaram una vez más fue bastante icónico, bastante entretenido. Pero ese es el problema, también. Una que otra vez está bien ser showman, pero no todo el tiempo, porque es un estilo cursi, no de loco, y por ende pierde efecto muy rápido, y con esto se va su fuerza. Se mantiene, de todas formas, para el futuro.

El Sr. Espinel, leyendo sobre él, analizándolo, y ahora con su actuación, ya se demostró como un confeso heraldo del régimen actual. Una forma menos agraciada de lo que el gran caudillo de la nación era en sus inicios, pero con discurso muy parecido, que habrá aprendido en sus años asociado a esta administración. Muy indirectamente defendiendo todo lo bueno que se hizo, y es verdad, pero bien reiteradas esas defensas y elogios, y violento hacia el pasado.

La Sra. Viteri empezó bastante bien, y no repitió los claros errores anteriores, pero tiende a caer mucho en una evidente demagogia.

El Sr. Moncayo habló de forma muy general, llegando a ser algo puntual en algunos casos, dentro de lo posible, no solo para él, sino todos los debatientes. Pero tantos hechos, tantos juramentos, escándalos del Cenepa, desestabilización política… sus actos hablan muy claro para mí. No lo veo como a alguien macabro, menos con 76 años, pero ahí la trampa, supongo.

El Sr. Pesantes continuó con una retórica general, muy poco puntual, hasta llegada sus últimas intervenciones, se centró un poco más con el tema del sector rural, cosa que me sorprende que escoja como tema. Pero acertada la información, no quiere decir que sepa cómo lidiar con la situación. Supo cómo crear trabajo en la fiscalía, para la gente del régimen, más nunca fiscalizó siendo fiscal… y es abogado.

El Sr. Zuquilanda se llevó la primicia de la noche y el odio del gobierno, al hacer la acusación a Moreno por su inactivación cuando fue presidente encargado y se denunciaron las cuentas en el extranjero del líder de la 35. Ni bien terminaban sus segundos de hablar, todo el partido pedía quemarlo vivo. A más de esto supo responder de forma concreta, una actuación de mucha más altura.

Y la octava maravilla del mundo moderno que es ese ideal de revolución ciudadana (ojo, para ser considerado ciudadano tienes que ser parte de un partido, no de un país, según muestran sus actos). Mientras el jefe, que es un dios entre hombres, y campeona entre adolescentes, invadía twitter con su perro y sus rabietas, su delegado trataba de pronunciar palabras mientras iba conjurando ideas segundo a segundo, con una cara de que se le iban a cruzar los ojos, y una voz titubeante, de vergüenza o culpa, o las dos. Pero cuando ya no supo que decir, comenzó a prometer lo mismo que los demás, así como enriquecer al pueblo a punta de bonos… o sea, para resumir lo que decía: ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario.

Hay unos que prometen, otros que dan risa, pero al final todos me dejan que desear. De todas formas, mis 3 evidentes rescatados puede que logren algo. Con que el próximo gobierno logre, únicamente, la separación de los poderes del Estado, yo sería feliz.

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