Realidades

La medicina y la pintura: dos artes complementarias

El psiquiatra guayaquileño ha aprendido a dividir su tiempo entre la medicina, la pintura y la literatura.

GUAYAQUIL. La pasión por la pintura la descubrió cuando a los nueve años,  Miguel Palacios Frugone, fue víctima de un secuestro. Recuerda que sus captores lo llevaron por Las Peñas, por más de ocho horas, al final se pudo escapar, pero recalcó que quedó afectado.

Viendo la situación que atravesada el pequeño Miguel, su tío Pío Frugone le sugirió realizar un dibujo de sus captores y accedió. El dibujo sirvió, en ese tiempo, para que el jefe de la pesquisa Raúl Murrieta diera con los secuestradores, y desde ese entonces, Miguel supo que podía pintar.

Pero fue a los 16 años, cuando su padre Manuel Palacios Offner le dio óleo para que pinte. Una vez terminado el cuadro, Chicken Palacios como se lo conocía a su progenitor, lo envío a un concurso en el Salón de Octubre, ganando el primer lugar y una beca de estudios en Francia. “La familia de mi papá era más artistas. Mi papá pintaba y escribía. Mi abuela y tía eran pianistas. La literatura, música y arte viene de la familia Palacios”.

Dejó por un tiempo la pintura y se dedicó a sus estudios, pero a los 33 años se dio cuenta que el arte iba de la mano con la medicina. Regresó con fuerza y sus pinturas lo llevaron hasta Brasil, donde tuvo la oportunidad de presentarse en la Bienal Internacional de Río de Janeiro.

Además, Palacios realizó una muestra de los 40 principales pintores de Ecuador en Latinoamérica. “Me he metido en muchos concurso, pero nunca los he publicitados. Todo lo que vendía -de las pinturas-,  lo regalaba para las obras sociales del club Rotario. Con esa plata se hicieron varias obras, como la construcción de un edificio, aldea S.O.S.  Todo lo que pintaba, lo donaba”, resaltó el psiquiatra guayaquileño.

Aproximadamente ha pintado 1,500 cuadros entre los que destacan: ‘El Recuerdo’, El Dolor’ entre otros. “Cuando comienzo a pintar no existe otra cosa que no sea eso. Es una obsesión. La pintura para mí es una angustia, porque es un frenesí que se apodera de mí. Eso solo se gana por la técnica, porque ya uno sabe lo que tiene que hacer”.

En su juventud le apostó a la medicina como una carrera formal, la cual no impidió que continúe expresándose a través de las formas, el color y las texturas. Además de las letras, Miguel tiene 14 libros de su auditoria y este año publicará tres. “A partir de los 80 años comenzaré a publicarlos uno por año”, destacó este hincha de Barcelona SC.

Uno de ellos es Principio y Fin de una soledad acompañada, que está compitiendo en Colombia por el premio de literatura de novela de Gabriel García Márquez.  “Me ha ido muy bien escribiendo. Acabo de terminar mi segundo libro de poesía que pronto lo sacaré”.

Conjuntamente está trabajando en el primer tratado de Psiquiatría Latinoamericana, que cuenta con el aval de algunas universidades de exterior. “No sé si es pasión todo este rollo”, dijo. (DO/La Nación)